… y esclavo de sus palabras. ¡Qué gran verdad es esa! Muchas veces hablamos y hablamos sin darnos cuenta de que lo que digamos nos está atando. Esto se tenía muy en cuenta en “la mili” (el servicio militar). Ahí nadie sabía nada ni presumía de su maña para realizar ninguna actividad. Porque si descubrían que sabías hacer algo te ponían a ello todo el periodo de tiempo que durara el dichoso servicio.
Cuando yo hice la mili, en los primeros días de campamento se corrió la voz de que yo era “abogado” y me llegó un Brigada comentándome que su hijo se había matriculado de primero de Derecho y le habían suspendido todas por lo que le querían echar de la Universidad. Yo, acordándome de que cuando yo empecé la carrera le pasó lo mismo a más de un querido amigo, le comenté que si su hijo quería seguir en la carrera, tenía que hacer un suplicatorio al Rector de la Universidad (o al decano de la facultad… ya no me acuerdo). El hombre se maravilló y me empezó a mirar como si fuera la reencarnación del perro Rintintín. La alegría iluminó su rostro y me preguntó sobre la posibilidad de que yo se lo hiciera. Le contesté que sí y se lo hice. A partir de ahí ocurrieron 3 cosas: todos me empezaron a llamar “Abogado”, Nunca más volví a hacer guardia en las cocinas (el destino más duro) y todos los reclutas me preguntaban temas legales. Una vez uno me dijo que le había destrozado la nariz a uno y que tenía el juicio de faltas a la vuelta del campamento y quería saber que le podía pasar. Yo le comenté que algo tan específico no lo había estudiado porque las faltas no se daban en profundidad, pero en seguida llegó uno de mis “amigos” de allí (un hermano mayor de un compañero mío del colegio) y le comentó con pelos y señales lo que le podía pasar. Por lo visto él tb conocía a alguien que le había pasado algo.
A partir de ese momento una amnesia invadió todo mi saber. Ya no sabía hacer nada. Aprendí que “En boca cerrada no entran moscas” y el título de esta historieta. No me volvieron a pillar hasta que varios años después, terminada la mili, hice una apuesta con el que entonces era el novio de mi hermana pequeña. Faltaban aún 3 años para que se casaran, pero eso no lo sabíamos ninguno de los dos. Un día se jactaba de que aún no tuviera el carnet de conducir. Me tocó tanto las narices con el tema que le dije “Te aseguro que antes de que te cases con mi hermana ya me han quitado la <
Total, que llegó el día de la boda y aún ni me había sacado el carnet. Me faltaban sólo 3 días para hacerlo, pero… perdí la apuesta (y por bastante ya que la L la quitan al año de sacarse uno el carnet). Total que llegado el momento del pago me comentó mi recien adquirido cuñado que como su movil aún funcionaba no lo quería aún. Que ya me avisaría.
Han pasado 3 meses desde aquél día y… ayer recibí un fatal mensaje de mi cuñado. El texto era el siguiente: “Se me ha roto el movil”. En seguida me sentí como los rusos de aquella película en la que con una llamada les hacían células saboteadoras: sólo tenían que decirles una palabra que hacía que cumpieran con una misión que les habían implantado en el cerebro mucho tiempo atrás. Al leerlo un hilo de sudor frío me recorrió la espalda. Pero como comprometí mi palabra no me queda otra…
A ver si le puedo soltar mi antiguo sonyericsson T300…
Ayer, por otra parte fue un día en ciertos aspectos duro. Sobre todo la parte final del día. Pero no vamos a aburriros más contándoos mis penas. Por la mañana trabajé bastante, motivo por el cual no pude escribir el blog. Fue divertido porque no paré pero tampoco me agobié. Estuvo bien.
En fín… hoy no os castigo más!
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