Es bonito esto de que llegue agosto. El que llegue agosto nos salva de muchos momentos embarazosos. Por ejemplo en los ascensores. Ya no hay que mentir cuando se habla del tiempo. Ya se puede decir: “Qué calor hace, eh? Y es que el agosto en Madrid es un infierno”. Lo que en realidad quiere decir “Maldita gorda, ya te podrías haber cogido el otro ascensor, que desprendes más calor que una manta zamorana. Y es que menuda cerdada es tener que trabajar en agosto!”. Por supuesto esto lo dices con una sonrisa de oreja a oreja para que la pobre y obesa señora no se de cuenta del mensaje oculto que, cual anillo de Bilbo Bolson, encierra tu aparentemente inocente comentario.
Y es que los ascensores son sitios curiosos. Es el único sitio donde uno se comporta como realmente es. Y es que es el único sitio que nos permite tener unos segundos de auténtica intimidad. Subir uno solo en el ascensor nos permite hacer todas esas cosas que en público jamás nos atreveríamos, por ejemplo hacer muecas en el espejo. ¿Quién no lo ha hecho nunca? no mintais, que lo sé yo! Te miras en el espejo y empiezas a estirar la sonrisa, luego enarcas las cejas, a continuación arrugas la nariz, cambias la sornisa por un gesto de enseñar los dientes y ya tienes la mueca! La intentas perfeccionar arrugando el entrecejo y ya se produce lo que tanto esperas: la cara absurda que hace que te empieces a reir de tí mismo. Luego al darte cuenta de que lo que haces es digno de una persona loca te terminas de desternillar de risa.
Otra actividad muy propia del ascensor es el hurgarse en la nariz. Cierto es que esto se practica en menor medida porque dada la concentración y el tiempo que requiere, es preferible hacerse en el coche. Sin embargo, en caso de tener un objeto claro, se pueden hacer operaciones de incursión y extrañamiento concretas. Como hace Israel con los dirigentes de Hamas. Esta actividad es la más peligrosa, porque deleitándose uno en tan viciosa práctica, pueden abrirse las puertas y que le pillen con las manos en la masa. O peor aún, que se deje el elemento a medio sacar para mayor alborozo del que entre en el elevador en ese momento. Así que mi consejo es hacerlo en el coche, que es un habitáculo que si bien no es perfectamente anónimo sí se puede crear la fcción de lo mismo ya que supones concentrados en el semaforo a los que tienes alrededor. Yo esta actividad automovilísitica no la he practicado nunca ya que, entiendo que es mucho más peligrosa que el conducir hablando por el movil. Y como tengas un accidente y lo tengas que poner en el parte es un corte que pa qué!
Esta mañana sin ir más lejos tenía a mi lado un conductor que ajeno a todas las normas de seguridad que deben regir nuestros actos cuando tenemos entre nuestras manos el volante de estas máquinas de transporte, estaba pasando revista a las mucosidades de su orificio nasal izquierdo. Al final encontró una que le pareció demasiado seca como para seguir en el interior de su cuerpo por lo que procedió a su extracción. Por lo que ví era un proceso delicado y cualquier sobresalto o movimiento brusco podía llevar al traste tan delicada misión. Pero la mala suerte se alió con la fatalidad y en ese momento se puso en verde el semáforo. Todos sabemos que no hay persona zurda en esto de pescar mocos, por lo que el pobre hombre tenía que decidir entre terminar el proceso o meter primera. Fueron unas décimas de segundo angustiosas y me pareció adivinar en su sien unas gotas de sudor que denotaban la auténtica situación de dilema en la que se encontraba. No pude mirar por más tiempo ya que tenía que arrancar, pero me pareció ver cómo intentaba cambiar la marcha con la mano izquierda y el dedo índice derecho aún introducido en su orificio nasal. Entre sorisas me di cuenta de lo potencialmente peligrosa que es la actividad de espeleología nasal que con tanta impunidad se practica en España. Esta actividad es mayormente masculina, lo que me lleva a pensar que ahí pueda estar la razón de que los seguros de coche salgan más baratos a las féminas que a los hombres.
Yo, como conductor novel que soy nunca he realizado dicha actividad en Astracán, sobre todo porque sé que no le gustaría. Pobre Astracán… el viernes nos fuimos a cenar la siempre sonriente Maribel, Beatríz, Tuini, Jaime, Nacho y yo (Miguel no pudo venir) a una Trattoria (¿Está bien escrito, Tania?). El sitio se llama la Trattoría de San’t Arcangelo y está en la calle Morato 15. Fue un sitio que me descubrió la famosa actríz Astro-húngara Pauvlka y que me encantó en su momento. Comimos muy bien. Tras la opipara cena nos fuimos a ver a Astracán, ya que Tuini nunca lo había visto. Al verlo dijo con desilusión “¡Vaya, si no es del color que yo pensaba!” lo que me hizo darme cuenta de que no os he dicho de qué color es Astracán. ¿Alguien puede decir de qué color cree que es Astracán? Esa es la prueba de que se ha leido el blog de hoy! El caso es que Nacho y Tuini estuvieron probándolo, apreciando sus gulpecillos, su imponente presencia y la comodidad de sus asientos. Un poco en broma y un poco en serio le hicimos un chequeo de luces y descubrimos para desesperación propia que la luz de posición derecha del coche no funciona. Es decir, tiene una bombilla fundida. Este hecho se une a la terrible lista de cosas por hacer de esta querida fuente de pobreza que es mi vehículo.
No os conté que el viernes perdí un tapacubos del coche. Bueno, las malas lenguas dicen que me lo quitaron, pero yo no tengo pruebas de ello. Así que el pobre se encuentra sin su tapacubos posterior izquierdo, con el espejo retrovisor izquierdo roto y con la luz de posición derecha fundida. Así que después de las reparaciones me tocan los… cómo diría? los complementos.
Así y las cosas el domingo lo saqué. Nos fuimos a Cercedilla al chalet que los padres de Lucía tienen. Nos lo pasamos pipa! Fuimos una buena tropa: Nacho, Jaime, Beatriz, Maribel y yo. Vimos a Luisito, el hijo de Luis y Lucía que cada vez está más grande y hace más monerías. Con sus 40 meses es capaz de hacer que sus padres hagan lo que él quiera… me da que como siga así este niño va a terminar siendo político.
Nos trataron de maravilla y Lucía nos deleitó con un almuerzo digno de reyes (de los reyes como Don Juan Carlos, no de Reyes como Tuini). Estaba todo buenísimo. Luego nos lo pasamos pipa en la piscina chapoteando como niños de 10 años.
Cuando volvimos a Madrid, Astracán se comportó de maravilla y Nacho, que venía con nosotros, no pudo por menos que felicitarme por mi gran saber conductil.
El viernes salí con Miguel y Estefanía en un plan digno de una película de Javier Fesser, pero esto ya lo contaré otro día.
Hoy es lunes 2 de agosto, estoy en el trabajo y no quiero trabajar. ¿Soy un bicho raro?
creo que astracan es de color azul, no?:oops:
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