Realmente es curioso el tema de los atascos. No tienen una causa concreta y su resolución también se debe a razones desconocidas para el común de los mortales. El pasar un cruce de atascos para llegar a una avenida desprovista de ningún tráfico es algo tan frecuente que hace sospechar en la posibilidad de un pinzamiento espacio temporal o algo similar.
Esta mañana me he visto sumido en uno, es normal. A las horas a las que salgo de casa sería raro no meterme en uno. Además, ya lo comenté hace poco. Lo que vengo a reseñar hoy es lo histéricas que son ciertas personas cuando se les somete a la presión de un atasco. El primer caso es una rabieta de un niño enfadado, lo cual no chocaría si no fuera porque el “niño enfadado” era un señor de 40 años con un coche de 5 metros. Resulta que iba yo tan feliz por mi derecha cuando veo a lo lejos un coche parado tapando mi posible avance, por lo que decido mirar por el retrovisor, poner el intermitente y ponerme en el carril de la izquierda que estaba parado por el semáforo. El coche que estaba llegando al final de la cola, al ver que me ponía por delante de él se ha debido desesperar y ha optado por ponerse en el carril de la derecha, detrás del coche parado para, a continuación, pasarse (con el semáforo en verde) a mi carril delante de mí. Yo le he dejado pasar pero no entiendo los motivos que le han llevado a querer estar por delante. Es, como os comento la rabieta de un niño de 40 años.
Por otra parte están los motoristas que estiman que el retrovisor se usa para repeler los rayos laser de los invasores alienígenas que puedan estar persiguiendolos, y por tanto, no se debe mirar hacia ellos bajo ningún concepto (no vaya a ser que ataquen en ese momento los extraterrestres y se queden ciegos por un rayo de esos). Entonces sus cambios de carril son del tipo “Cita”, es decir: “Virgencita, virgencita que no me pase un coche por encima!!”y, claro, te obligan a dar cada frenazo que para qué os cuento… bueno, vale, frenazos no. Pero reducir la velocidad. Y eso a astracán le viene muy mal, que el pobre está quejoso…
Pero el colmo ha sido esta mañana con una señora que tenía un smart. Llegaba a la puerta de alcalá e iba por el carril segundo de la derecha. Tenía que cambiarme al de la derecha del todo, entonces he puesto el intermitente, momento en el cual esta pobre enferma mental ha aprovechado para acelerar logrando su objetivo: abortar mi cambio de carril. Total que hemos llegado a la plaza y yo me tenía que ir a la derecha, he vuelto a poner el intermitente y he frenado un poco esperando a que pasara el dichoso smart que sabía que estaba a la derecha pero no veía porque estaba en el ángulo muerto. Freno, freno más… y el coche que no pasa, ya miro para atrás y en ese momento la tía pita. Había frenado conmigo “por qué?” pues no lo sé porque no he girado ni un poco. Y cuando ve que la luz de intermitente tiene una finalidad distinta a la de decorar las calles es cuando pita y me increpa desde su ridiculo medio de transporte. Pero lo que más miedo me dió fue la cara. Era una cara desencajada. De mujer fuera de sí. Por fín pasa y puedo girar pero me hizo pensar en lo dura que debía ser la convivencia con ese ser tan extraño.
Ayer quedé para tomar algo con la cabreada Verónica y la siempre sonriente Rose (por cierto, Rose, aquí tienes el cuento de Oscar Wilde del que te hablé). Resulta que fue su cumpleaños y por razones que no vienen al caso no asistí al mismo, lo cual fue la gota que colmó el vaso de la paciencia. Ya que le había hecho 4 feos por el estilo con anterioridad (la verdad es que no cuento los feos que hago, me lo dijo ella y puede que tenga razón). El caso es que llegué a donde habíamos quedado (la cervecería O’connors) y me puse en la terraza. Llegué justo a la hora así que supuse que era el primero. Pedí una pinta de clara con limón (cerveza con fanta de limón… ahora me ha dado por tomar esa marranada y me gusta, la verdad) y llamé a Verónica para asegurarme de que habíamos quedado allí. Me dijo que no, uqe habíamos quedado en Boulevar. Se me puso cara de 😯 shock, pero en seguida recordé que estaba cerrado así que respiré. Le comenté que estaba de reformas y sugerí el bar donde estaba como alternativa, lo cual le pareció bien. Colgué con ella y llamé a Rosa para comunicarle el cambio de planes. Al coger el teléfono en seguida me dí cuenta de que estaba en casa. “¿Pero dónde estás?” le pregunto extrañado, sabedor de que Rosa es puntual hasta decir basta. “En mi casa” me contesta tan pancha. “Pero no habíamos quedado?” y me contesta “Sí, pero dentro de una hora!”. Otra vez cara de :shock:. Le comento que me he adelantado una hora y me dice “No te preocupes, que salgo ya de casa para que no estés tan solo”. Lo dicho, Rose siempre es un encanto. Total que cuelgo y me veo solo con una cerveza de medio litro en una terraza. Como toda situación es susceptible de empeorar se pone a llover. Pero lo peor no es que llueva, lo peor es que estoy puesto de tal manera que, gracias a un chaflán que está a 6 metros, no me mojo. Pero el resto de la mesa y la calle sí. Así que los viandantes ven a un tipo solo, imperterrito, vestido con traje, sentado en una mesa en mitad de la calle, con una cerveza en la mesa, bajo una lluvia de mil demonios. Os podeis imaginar cómo me sentía yo! Era el objeto de todas las miradas. Total que decidí llamar por teléfono. Como supuse que Maribel -dada la hora- estaría en el metro, decidí llamar a Estefanía, la cual recibió entre risas mi comentario respecto a mi situación y me dijo que se iba al cine y no podría hablar mucho tiempo. Total que cuelgo tras 5 minutos de fallida conversación y llamo a Maribel con la esperanza de que ya haya salido del metro. Lo coge y le relato mi situación. Y me comenta que ella ya me había advertido que la primera vez que le dije que había quedado con Vero le había dicho que era a las 20:30 y no a las 7:30. Y tenía razón. Se rió de mi situación y estabamos hablando de cualquier cosa y llegó Rosa (la pobre debió correr!). Colgué con Maribel y empecé a hablar con Rosa. Menos mal que ya había dejado de caer agua.
Pasado un rato llegó Vero que me regañó a base de bien. Pero en seguida hicimos las paces. Estuvimos hablando de todo un poco y quedamos para cenar el fin de semana del 22. Llevé a Rosa a su casa, volví a la mía y [censurado] me contó unas cosas muy graciosas que le habían pasado en su trabajo, pero como tengo prohibido hablar de él no os las puedo revelar. Sin embargo os diré que son muy divertidas. Si le conoceis preguntadle.
En fín, voy a ver si como un pocoooo…. ¿Qué, Reyes? ¿Pensabas que ya no había, eh? 😉
Por cierto , ¿veis el enlace de la derecha que pone “opina sobre mi blog“? Está en azul. Es para que pongais allí opiniones sobre lo que os parece bueno o malo, mejorable o modificable de este tormento vuestro diario. Me haría mucha ilusión que pusierais algo. Son solo 2 minutos… vengaaa… Así sabré que has leido este rollo macabeo!
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