Esta mañana he tenido que aparcar en frente de la embajada francesa. No habría pasado nada si no fuera porque había una pareja de la guardia civil observando cómo aparcaba. Es una chorrada, pero cuando alguien te mira ya no haces las cosas tan bien. Te preocupas de lo que pueda pensar, miras sus caras y piensas “Uy! están comentando que lo hago mal!!” intentas corregir, pero ya es tarde. O corriges y no tenías por qué. El caso es que he tardado más de la cuenta en aparcar. Y ya me miraban con curiosidad. Esperaban a ver cómo era el tipo que había tardado tanto en aparcar teniendo además un poco más alante un sitio en batería. Además, te miran y piensas “Eso es que no han reconocido el coche y están observando a ver si soy un terrorista”. Y ya cuando voy al maletero y saco el paraguas, veo cómo miran con verdadero interés. Al ver que era el paraguas respiraron (y yo con ellos) para a continuación seguir hablando del futbol del domingo. Mal empezamos la semana…
Por otra parte, en mi vida ha habido un antes y un después a este fin de semana. Antes era una persona normal, carente totalmente de ningún tipo de actividad extraña ni perjuducial para lo que es mi modo de vida. Pero, por fín, me he dado cuenta de que mi situación física no es la más adecuada para una persona que, como yo, siempre ha sido bastante delgada. Esta carencia de delgadez, agravada con la aparición de cierta gordura, han ocasionado que me plantee lo que nunca antes había tenido a bien pensar en ello: Me he puesto a régimen por primera vez en mi vida. Es duro para mí el reconocer esto, supongo que he sentido al decirlo la misma sensación que un niño pequeño la primera vez que va al colegio con gafas: es algo normal para todo el mundo menos para el que lo sufre. Para empezar el régimen me tomé una ensalada toscana en el vips.
Los que me conoceis sabeis que las ensaladas no me gustan demasiado, ya que me siento como una vaca comiendo en la pradera… rumiando! Así que al tomar la ensalada, cada vez que me tocaba un trozo de pollo lo disfrutaba como un sediento bebe su primer vaso de agua tras una travesiía por el desierto. En cualquier caso me la comí entera… bueno, casi entera porque al final del cuenco es donde se junta toda la salsa sobrante y hacía que los últimos trozos de lechuga supieran demasiado a vinagre. Así que me dejé un poquito. Esa fue mi primera comida de regimen en la vida. Y me sentó bien, la verdad. Resolví que iba a estar a régimen por siempre jamás. Comiendo sólo ensaladas. Sin embargo, veo que esto del régimen tiene un serio problema. No es que te quedes con hambre, porque eso a mí no me preocupa. Realmente hasta que no empiezo a comer no tengo apetito. Así que por esa parte no pasa nada. Lo peor es recordar el que estás a régimen. Comprendedme, nunca he hecho régimen. Nunca me he visto en la tesitura de decir “No, eso no lo puedo comer porque engorda”. Jejejee! Es que me hace gracia hasta pensar en mí diciendo eso.
El caso es que si este régimen fracasa es porque se me olvide que estoy a régimen. Empecé el sábado a hacer régimen y se me olvidó hasta el domingo por la noche que lo recordé. Resultado: una fatalidad. Había empezado fenomenal porque el sábado me fui desde por la mañana de compras con Maribel. Estuvimos paseando de tienda de zapatos a tienda de camisas a tienda de ropa toda la mañana. Recorriéndonos toda la calle Goya de arriba para abajo. Luego comimos la ensalada en el Vips (cada uno la suya, que ya solo me faltaba compartir la ensalada además de hacer régimen) y después nos fuimos a casa, para luego volver a comprar. Es curioso como se comporta la gente a la hora de ir de compras. A mi me tocó mirar unos zapatos al lado de una persona que, como pude comprobar posteriormente, no tenía ningún gusto. Pero no es que no tuviera buen gusto, es que no tenía ni bueno ni malo. No sabía lo que le gustaba, porque no hacía más que observar lo que miraba yo. Si yo cogía unos zapatos y probaba su flexibilidad doblándolos, al dejarlos en el estante el hombre este los cogía, miraba arriba y abajo. Por dentro y por fuera y luego, disimulando para que no lo viera, lo doblaba un poquito (supongo que para sdescubrir qué era lo que yo sentía al hacer semejante cosa). Luego lo dejaba. Estuve mirando hasta que encontré unos que me gustaron. Y supongo que se dió cuenta porque estuve más tiempo mirandolos, observando la talla y buscando con la vista a Maribel para enseñarselos. Como quiera que no la ví (estaba llena la tienda), dejé el zapato en el estante y me fui a buscarla. Cuando quise enseñarselo no estaba, y ví al hombre sin gusto ir a la dependienta con el zapato para preguntar por uno de su talla. “Casualidad” direis algunos. Pero si vierais como me miró cuando le descubrí… se puso hasta rojo!
Ese sábado no salí. Os podeis imaginar por qué. Estaba reventado de tanto movimiento de aquí para allá. Y tampoco cené (no porque estuviera a régimen, porque se me había olvidado. Sino porque no tenía hambre). El domingo al levantarme desayuné un café con una tostada (bien, bien… seguimos en régimen inconsciente). Estuve en casa consiguiendo unas películas para mi hermana Lourdes, que la pobrecita está mala en casa. Total, que cuando se las llevé me invitaron a comer muy amablemente. Y yo acepté. En la hora que acepté! Sabía que mi querido cuñado comía mucho, pero no hasta ese punto. Comimos de primero arroz caldoso, luego una paella que llevó mi madre, para continuar con carne guisada y terminar con un pastel de chocolate. ¡¡A tomar viento el régimen!! El que les escribe estas soporiferas líneas perdió en media hora todo lo ganado durante un día y medio.
Luego les configuré el acceso wifi a internet y me fui con Maribel porque habíamos quedado para tomar el café con Desi y Luismi. Fue un reencuentro de lo más agradable, porque hacía mucho tiempo que no nos veiamos. Estuvimos hablando de todo un poco y les relaté mi experiencia como candidato para ser hombre-bala en el circo de los muchachos. Estaba ya elegido, pero fui desechado en el último momento porque mi cabeza no cabía por la boca del cañón. Qué desilusión! Tras estar con ellos un rato que se me hizo corto, nos fuimos al cine con los Señores de Oterino y Nacho y Reyes (a ver si se casan pronto y no tengo que poner los dos nombres). Fuimos a ver “Crimen Ferpecto”. Película que recomiendo a todo el mundo. Es divertidísima. Sobre todo el comienzo. Es genial cómo Alex de la Iglesia es capaz de sacar un planteamiento divertido de la aparentemente aburrida vida de unos vendedores de unos grandes almacenes. Luego la película baja un poco, aunque nunca deja de ser divertida.
Y es que este ha sido un fin de semana de lo más cultural. Tal vez exagere un poco, porque tampoco fue para tanto. Por ver una película no vamos a decir que sea cultural. Además una comedia! Pero es que resulta que el viernes fuimos a ver una obra de teatro que tampoco recomendaré a nadie. Más que nada porque el domingo fue la última representación. La obra era un monólogo de “El Brujo” sobre la vida de San Francisco de Asís. La obra pretendía revivir el arte de la juglaría para relatar la vida de San Francisco de Asís. Santo que, como ya sabeis bien, revolucionó la Iglesia de su época con su forma de vivir el cristianismo en absoluta pobreza. El caso es que en la obra se le trata con mucho respeto y no se ataca abiertamente a la Iglesia. Sin embargo hay algo que no me gustó demasiado y es que hacía bastantes paradas para comentar la situación política. Es más, en ocasiones parecía un mitin político más que una obra sobre la vida de S. Francisco de Asís.
En todo caso, al finalizar salimos todos con una idea bastante aproximada de lo que era el Mester de Juglaría y lo que supuso la obra de S. Francisco de Asis en esos tiempos de la Iglesia. Además el teatro fue un campo donde hice un experimento. Hice que mi movil T630 buscara dispositivos Bluetooth antes de empezar la obra, y encontró 4. Es genial. Lo malo es que ahí acaba lo divertido, porque no puedes hacer nada con esa información. Sólo mandarles fotos y si quieren. Pero es gracioso ver el nombre que le ponen al movil algunos. Ninguno llevaba el nombre de unos de los dos que tenemos Maribel y yo con bluetooth. Lo llamamos Artefacto por lo grande que es. Es un P800. Es muy chulo, pero muy grande.
Vamos a ver qué nos depara esta semana…

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