Es el sabor de tu amor…

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Creo que ahora comprendo por qué el 50% de la población estadounidense (desde luego qué gentilicio más absurdo) sufre de obesidad. Realmente es dificil cumplir con el régimen. Ya cuesta el acordarse uno de que está a régimen como para además tener que aguantar la vida social plagada de cenas y comidas y para más INRI el que tus amistades más allegadas te digan que no lo necesitas. Bueno, supongo que los graso-americanos lo tienen más fácil, porque con solo mirarse al espejo tienen que recordar (a la fuerza) que están a régimen. Y, no sé si les dirán que no están gordos porque ahí es otra filosofía de vida. Igual allí hasta que no llegas a los 100 Kg. no eres considerado gordo. O igual tienen una madre como la mía que les dice a todos sus hijos que nada de lo que coman va a engordarles. Porque las madres son iguales en todas las partes del mundo. Aunque igual se acuerden, tal vez no les diga nadie que están gordos, pero salen a la calle y tienen todas esas maravillosas tiendas: “Dunkin’donuts, Burger King, Mac Donalds… Cuando estudiaba en la facultad volvía andando a casa y muchas veces (la mayoría) paraba en el burger king de Princesa para tomarme un whoper. En el camino no había más de 3 hamburgueserías de ese tipo. En Estados Unidos debe de haber tropecientas mil… en el fondo soy afortunado.

En realidad el problema con el que cuento para no adelgazar a la velocidad que me gustaría es (a parte de los ricos guisos de mi madre) mi vida social. Y es que no es que tenga una vida social muy agitada, más bien es normalita, pero es lo suficientemente movida como para comer fuera casi todos los días. Sin ir más lejos, el viernes comí en casa de mi madre un riquisimo cocido madrileño. Para el que no lo conozca es un platillo que consiste en cocer garbanzos, repollo, gallina, carne magra, chorizo, patata, tocino, una punta de jamón… durante un buen rato (un ratito si es con olla express). Con el caldo se hace una sopa de fideos y después se come todo con deleite y devoción. Hay quien le echa por encima aceite de oliva o tomate frito, pero son añadidos que desvirtúan el verdadero sentido de un buen cocido. ¿Qué puede engordar un platillo así? No lo sé, pero llena una barbaridad.

Para bajar la comida me fui a comprar un par de trajes a la Sastrería Rozalén. Está un poco apartada, pero tienen unos trajes con muy buena relación calidad precio. Cuando salí me llamó Maribel para contarme que habíamos quedado con Desi y LuisMi para cenar. “Fantástico” pensé, ya que hacía una barbaridad que no nos veíamos. Fuimos a cenar a un Pizza Nostra nuevo que han puesto en Padre Damián. La comida es la de siempre y el salón está en una terraza cerrada, lo que le da un ambiente de lo más agradable, aunque un poco frío ya que se cuela vientecillo por las juntas. Dado que estaba a régimen me propusieron que tomara una ensalada (no sé si está siendo buena idea escribir un blog… me quita libertad y me impide el contar mi vida como yo quiero. Cuando empiezo a contar una anécdota me corrigen y me dicen que así no es… que en el blog lo escribí de tal manera. ¡¡Y como lo escrito permanece, pues me tengo que callar y dejar que lo cuente la otra persona!!) a lo cual me negué argumentando que un día era un día (aunque debí decir que un fin de semana era un fin de semana, porque realmente he comido este finde…) así que nos tomamos un par de platos de crostini y un par de fuentes de pasta, a parte de un sorbete de limón y un cafelito. La conversación fue de lo más animado y la comida estuvo muy buena. Luego nos fuimos a Moe a tomar una copilla (para que no me engordara tanto, en vez de tomarme la cocacola entera me tomé la mitad y rellené el resto con whisky). Fue una pena que la música estuviera tan alta, porque no nos oiamos. Parecíamos viejos. Cada cosa que decía uno debía repetirse 3 veces. Y el ir a un sitio con música tan alta a mí me acalla las ganas de hablar. Tras esto nos fuimos a casa dando un paseito.

El domingo por la mañana quedé con Nacho (uno de comunidades) para hacer esta cosa de comunidades que es ya una tradición. Estuvimos hasta las 2, luego nos tomamos un aperitivillo: Un par de cervezas y unos pinchitos. Luego fui a casa a comer lomo adobado y un poco de arroz. Tras esto me fui de compras con Maribel. Los que sois chicos sabeis que cuando menos es una actividad cansada, tener que recorrer las distintas tiendas, pararse uno a mirar, a opinar, a disentir, a argumentar, a discutir, a enfadar, a reconciliar… y todo ello en el breve espacio de 4 horas. Es cierto que si ibamos de compras era para adquirir unos zapatos para mi persona, pero no dejaba por ello de ser compras. Tras esas 4 horas en las que recorrimos todas las tiendas de “Cremades” que conocíamos (concretamente 2) nos fuimos al corte inglés para certificar que los zapatos que eran un poco aceptables tenían unos precios de lo más inaceptable.

¿Y qué hice yo? Pues para acallar tanto cansancio me fui al puestecillo de chucherías del corte y me compré un gofre con chocolate. Lo de tomarse un gofre es de lo más complicado. Considero que no es algo que debería permitirse a cualquiera, es más, creo que debería (dada su dificultad) estar prohibido a menores. Empecé bien, pero en seguida empezó a “sangrar”, y la culpa fue del tonto del puesto, que antes de dárme el gofre ensartó en el centro una cucharilla de helado. ¿Alguien sabe la utilidad de dicha cucharilla para tomar un gofre? Nadie, porque es ridículo, pero el tío la puso y se quedó esperando las gracias, gracias por haber herido de muerte mi pobre gofre y, lo peor, hacer que el chocolate se colara por dicha herida como sumidero directo a mis zapatos. Esto hizo que me tuviera que parar para poder evitar que tal chorreo me manchara. Fue una lucha a muerte que ocasionó muchas bajas: mis manos parecían las de un negro de tanto chocolate que tenían, mi cara era la de un niño de 3 años tomando un potito de chocolate y la cara de Maribel era la de una mujer enfadada al ver como el comportamiento de su novio de 32 años de edad era más propio de un chiquillo de 5. Por fín me terminé el gofre, momento tras el cual se inició el laborioso proceso de restauración de mi cara y manos. Por lo visto un gofre engorda una barbaridad, pero como lo pasé tan mal comiendolo y me generó tanto stress, me temo que consumí la inmensa mayoría de aporte calórico del mismo.

Tras las compras nos fuimos a tomar un perrito a Galatea. Los que conoceis Galatea sabeis cómo no pudimos evitar el tomarlo y los que no… os recomiendo que lo descubrais. Una vez cenados nos fuimos a buscar el coche que estaba al lado de casa de mi madre. Y, oh sorpresa, nos encontramos con ella paseando a Chufa. Le quitamos a la perra y la llevamos a dar una vuelta mientras mi progenitora volvía al calor del hogar. Tras subir, nos quedamos de charleta un rato con ella. A lo largo de esa conversación llamó Lourdes para decir que fueramos a ver las compras que había hecho de Navidad. Remoloneamos un poco y fuimos para allá. Había comprado unas cosas chulísimas. Mientras las enseñaba le decía a Ángel que podrían ponerlas ya. A lo que, lógicamente, Ángel se negaba diciendo que aun era muy pronto. Pero mi hermana insistía diciendo que era por disfrutarlas ya que ella, en cuanto se recuperase de la enfermedad que padece, no iba a pisar la casa en 3 meses.

Por fín nos fuimos y apenas llegamos al coche descubrí un par de llamadas perdidas de Nacho y un mensaje que no podía dejar de lado: “Nos vamos a tomar unas claritas, os venís?”. Raudo y velóz marqué el teléfono del de Valladolid y me confirma que aún siguen con las cañitas. Tras arrancar el coche y conducir temerariamente por las calles de la capital hasta llegar a la tasca donde estaba mi interlocutor con Queenie. Allí cenamos de nuevo, porque nos lo ofrecieron y no ibamos a rechazar tan amable oferta. Y no comimos tanto, un bocadillito de baggette (o como se escriba) de carne, un par de claras y mucha conversación. Queenie insistió en que las ensaladas del VIPS eran una bomba calórica y en que no estaba gordo. Ante esto uno no sabe que decir, así se le desarma el plan de vida al más pintado si tenemos en cuenta que mi régimen de adelgazamiento se basa en que estoy gordo y en que las ensaladas del VIPS no engordan.

Tras un tiempo de buena compañía nos volvimos a por Astracán que estaba en algún sitio de la capital pero que no llegaba yo a saber cual. Nos ayudaron a buscarlo en el coche y al final Maribel se hizo con los mandos de la situación y lo encontramos en un pispas.

El domingo me fui con Maribel de compras de nuevo (es un invento demoníaco esto de que los grandes almacenes abran los primeros domigos de cada mes), tras ello nos tomamos una merienda deliciosa y volvimos a casa tras dar unos paseitos.

Hoy tengo puente, pero he venido a trabajar por adelantar un poco de trabajo. Ya os contaré, porque hoy es el cumpleaños de mi querida hermana Lourdes y nos vamos todos a comer por ahí… me da que este régimen no goza de buena salud…

Comments

3 responses to “Es el sabor de tu amor…”

  1. Si|vara Avatar

    Joer Kar… no tienes voluntad!!
    Gofres, cocidos madrileños!

    Si hicieras deporte no tendrías que privarte de nada! [silbidos]
    … Que sepas que es una verdad como una casa de grande xD

  2. Iñaki Avatar

    Dime de paso donde está la sastrería Rozalén ?
    Gracias

  3. Alton Avatar

    Anc this is thereason I like http://www.karlankas.net. Killer posts.

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