Viernes cultural

Era viernes, pero podría ser cualquier otro día. Gregorio Fortez salió de su casa dando un portazo. No es que estuviera especialmente enfadado, es que siempre lo hacía así desde que aquel día la puerta se desencajase. Gregorio se paró al recordarlo. No se había parado a pensarlo en todo este tiempo, y no quería hacerlo. Era agua pasada, no podía permitirse el lujo de flaquear.

Sin olvidarse de mirar antes a izquierda y derecha, se cerró el abrigo y se zambulló en el río de gente que, como él, habían madrugado. La mayoría iba al trabajo, otros a alguna tienda otros probablemente a visitar a algún familiar, pero probablemente nadie iba a hacer lo que Gregorio. Él era consciente de ello y se reia para sus adentros.

Cruzó alegre la calle hasta llegar a la biblioteca. Era impresionantemente grande con librerías desde el suelo hasta el techo llenas de todo tipo de libros. Por cómo se movía, parecía que Gregorio se la conocía de pe a pa, sin embargo no parecía que los bibliotecarios le conocieran. Subió la impresionante escalera hasta el piso cuarto. Encaminó sus pasos hasta el final del pasillo, giró a la derecha por un pasillo apenas iluminado, luego a la izquierda y por fín entró en una sala pequeña, llena de libros gordos, no había ningún cartel que indicara dónde estaba. Pero él lo sabía, era la sala dedicada a los Documentos Perdidos de la Mahardina.

Cuenta la leyenda que hacia el siglo XIV se comenzó a construir por parte de un grupo desconocido formado por gentes de todas las partes del mundo conocido, el mayor centro del saber que hasta el momento había existido: La Mohardina. No se conoce el emplazamiento donde se había proyectado construirla, pero se sabe que los promotores hicieron un esfuerzo tremendo por reunir todos los conocimientos de la época en este centro que era secreto por el miedo al pillaje. Las cautelas tomadas no lo fueron tanto porque según las crónicas fue descubierto y saqueado, haciendo que desapareciera todo lo allí contenido. Lo poco que se ha podido recuperar de todo lo que contenían se denominaron “Los Documentos Perdidos de la Mahardina”, tema del que trataba esa sala.

Gregorio estaba visiblemente nervioso cuando llegó allí. En cuanto llegó se dirigió a un libro concreto, lo abrío y empezó a pasar páginas hasta llegar a un pasaje determinado. Al llegar se puso a leer y llegado a un punto sacó un papel doblado del bolsillo de su abrigo. Lo miró y comparó con el que había cogido de la librería. Después cambió su gesto nervioso por una sonrisa llena de paz. Cerró los ojos, abrazó el grueso libro entre sus brazos y susurró “Por fín!”.

Pasados 3 segundos dejó el libro en su sitio, sacó su teléfono móvil marcó un número y tras un rato dijo “Estabamos en lo cierto. Sabemos el emplazamiento de Mahardina!!”. Luego escuchó con una sonrisa en los labios y preguntó “¿En el tercer estante? de acuerdo!”. E cuanto colgó fue a la estantería más pegada al fondo, buscó el tercer estante y una vez allí contó 5 libros. Sacó el sexto, era especialmente grueso y antiguo, en su cubierta de cuero podía apreciarse un par de letras arrepujadas, parecían ser la K y la N . Al ver dicho grabado se sorprendió y acarició las letras con la yema de los dedos. Con renovado interés lo abrió y comenzó a ojearlo. En seguida descubrió una hoja de papiro doblada, la abrió y comenzó a leer sentado en el suelo.

Día Intenso

Ayer realmente tuve uno de esos días en las que uno no para de moverse. Y no es que hiciera muchas cosas, pero es que no siempre que uno se mueve está haciendo cosas. El ejemplo más claro está en el hablar por teléfono. Yo cuando hablo por teléfono no paro de moverme. Me pongo a andar en todas direcciones, hay veces que Maribel me tiene que decir que me pare, que seguro que los vecinos se están acordando de toda mi familia. Y yo me pregunto “¿Hay algo más bonito que el que los vecinos se acuerden de mi familia en un momento dado?” por lo visto sí que debe de haberlo por la insistencia de Maribel en que detenga mis calzados pies. ¿Y yo que culpa tengo de que los tacones de los zapatos suenen al pasear por mi piso? Cierto es que me podría poner las zapatillas de andar por casa, pero… es mejor con zapatos!

El caso es que ayer estuve toda la mañana trabajando, luego me fui con mi madre a comer a Recomiendo, un sitio que está bastante bien pero en el que no terminan de encontrar la carta. Aunque el trato es estupendo. Nada más llegar pregunté dónde tenían un perchero para colgar mi magnífico abrigo nuevo y el camarero se ofreció a llevarlo. Me quedé encantado ante tanta amabilidad. Lo que no sabía es que lo llevó a una silla un poco más allá. Lo llego a saber… y es que el abrigo es “mi tezooooroooooo….” y no quiero que sufra el pobrecito!

No os penseis que he cejado en mi empeño de hacer régimen. Me tomé de primero tagliatelle con salmón… me da que tenían nata… pero la pasta es pura proteina así que no creo que engordara mucho (mi madre así me lo dijo) y luego me tomé un lomo de cerdo a la plancha. De postre: una tarta de manzana. Pero es curioso, cada vez tengo menos hambre, llevo una semana en que no me puedo terminar los platos. Y eso que antes me comía absolutamente todo… ¿se me estará empequeñeciendo el estómago? No creo. El caso es que la comida estuvo muy buena y la conversación con mi madre fue de lo más entretenida.

Tras la comida me fui con chufa a dar una vuelta. En esa vuelta chufa identificó mi coche por el olor (pasamos al lado) y la tía quería subirse dentro… ¿era una forma de decirme que huyeramos los dos? el caso es que le hice comprender que eso era imposible, que después de lo que me había costado encontrar sitio no iba a sacar el coche y que además lo que tenía que hacer ella era descargar de impurezas su cuerpo y volver a casa, que hacía un frío que te pelas. La pobre perra entró en razón y y tras cumplir con lo que le pedí nos fuimos a casa.

Luego en el trabajo estuve haciendo cositas varias entre las que está el mantenimiento de la red de ordenadores y el explicar la misma a mis compañeros de trabajo (mucho más duro lo segundo que lo primero). Luego fui a buscar a Maribel a su trabajo. Nos fuimos directamente a casa ya que la pobre estaba muy cansada. La dejé en la puerta de la suya tras hablar un rato de impuestos en el coche. Resulta que ha hecho un curso en el trabajo referente a derecho mercantil y una parte es de impuestos. Y como yo hice el Master en Tributación pues repasó conmigo. Qué romántico, eh? La verdad es que nos reimos mucho. Luego me fui a una reunión que tenía en casa de Luis y María Jesús.

Por fín llegué a casa a las 22:30. Me quité la armadura y me puse a leer un poco. Luego me dispuse a hacerme la cena pero no tenía fuerzas por lo que me tomé una tostada con un Nescafé (es un vicio). Hoy no me puedo librar de hacer un lomo de cerdo que tenemos en la nevera. Caduca hoy. Creo que lo voy a hacer a la mallorquina… con azucar por encima.

El libro que estoy leyendo es muy interensate, es un tratado de cuentos a lo largo de la historia. Voy por los mitos y leyendas. Lo que no me gusta es que haya tanta variedad de estilos (cada cuento es de un autor, pero hay cuentecillos populares chinos e indios realmente bonitos. Os recomiendo el libro, no sé como se llama pero es de la colección Austral (no puedo visitar una librería sin comprar un libro de dicha colección, es buena bonita y barata!).

Hoy tienen mis trajessss!!!:smile:

Gregorio quedó perplejo. “La colección Austral! -pensó- tiene que estar en la Colección Austral…”.

Comments

One response to “Viernes cultural”

  1. ita Avatar

    Deberias escribir un libro

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