Todos, o muchos, sabeis que tengo una perra. Esto no es del todo exacto. Mi hermana Lourdes tiene una perra llamada Chufa. Es una Schnautzer gigante y tiene 9 años. Hemos pasado con ella mil hilarantes historias. Tal vez la que más gracia me hizo fue aquella en la que la fuimos a buscar a la “residencia canina” donde la dejamos para irnos de vacaciones. Al aparcar el coche y antes de que llegara el cuidador, nos dedicamos a mirar entre las celdas. Y mi madre dijo “Mírala, ahí está” y vimos a chufa con las orejas tiesas ladrando de forma fiera, como cuando en casa entra un desconocido. Mi madre fue a tranquilizarla diciéndole que se calmara que ya estabamos ahí. Pero ahí seguía chufa ladrando con porte altivo, como renegando de nosotros. Tanto me extrañó que miré en las otras jaulas y ví a la que sí era chufa. Con las orejas gachas, mirando con incredulidad cómo iban a llevarse sus queridos dueños a otro perro que no era ella. Ví el miedo reflejado en su rostro. Al ver que la miraba se puso a mover el rabo… bueno la parte de atrás del cuerpo, porque cuando está muy contenta mueve toda la parte de atrás de su perruno cuerpo. Me acerqué a ella y la acaricié para su tranquilidad. Mi madre al verlo miró al otro perro y dijo “andá, si son iguales” y era cuerto que se parecían mucho. Pero Chufa jamás habría ladrado a mi madre.
Pues bien, esta querida perra siempre se vuelve un pequeño problema cuando nos vamos de vacaciones. Ha habido años que nos la hemos llevado, pero un perro negro con la pelambrera que tiene Chufa, en Palma de Mallorca y sin aire acondicionado es un fuelle con forma de perro: no para de jadear y babear. Además, en el apartamento que tenemos en Palma se siente encerrada. Total, que la llevamos, cuando nos vamos todos de vacaciones, a la residencia antedicha.
Pues bién, hemos llegado a la época vacacional y nos las prometíamos felices porque no coincidíamos en las vacaciones mi hermana Lourdes y yo, por lo que podíamos evitarle a la pobre Chufa el mal trago de tener que ir a dormir a un sitio que no fuera su mantita. Sin embargo, oh fatalidad, resulta que tengo (en una fecha próxima) la despedida de soltero de los locos estos que se casan (Eduardo y Jaime) y creo que nos vamos a ir de parranda el fin de semana entero. Si a esto le unimos que Lourdes ya se ha ido de vacaciones y que no hay sitio en la residencia perruna para mi querida y nunca suficientemente acariciada chufa, pues tenemos un problema. La única solución que se me ocurre es el no dormir fuera de casa, es decir, irme al principio de la despedida, por la tarde ir a casa y luego por la mañana volver otra vez a la juerga. Creo que eso es lo que voy a hacer… para ser fiel a lo que ha sido una constante en mi vida: Chufa! La única fémina que no me ha decepcionado en ningún aspecto (dentro de los aspectos que pueda tener un perro de metro de cruz).
Ayer comprobé algo que ya sospechaba desde hacía tiempo: soy un macarra al volante. Me es duro reconocer dicho extremo ya que, como sabeis los que me conoceis, soy una persona a la que no le gustan las actitudes radicales. Pero es innegable… ayer iba colándome, revolucionando el motor, zigzagueando entre los coches… y es que hay algo que me cabrea: Voy por serrano, una calle con 5 carriles en un único sentido. Tan feliz a mi velocidad, sin ningún coche delante. Pues siempre se pone delante el típico pesado que va a30 Km/h. Yo creo que es que Dios no quiere que corra. O pretende que me cure mi macarrería. Tengo unas inexplicables ganas de comprarme unos dados de terciopelo para poner en el retrovisor. Me apetece ponerme pantalones de pitillo y peinarme con tupé!! Estoy viviendo una época de cambios. A Dios gracias no me entran ganas de poner el cartelito de papá no corras en el coche… más que nada porque tendría que ponerlo vacío ya que, a fecha de hoy, no tengo ningún hijo (salvo que hayan cogido muestras de mi piel y las hayan llevado a un laboratorio de ingeniería genética… ). Lo que quiero decir que mejor macarra con honra que vejete con honra también… anda queeee… hoy estoy sembrado!

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