Plus de peligrosidad

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En cuanto caen dos gotas en Madrid es un horror: la gente se vuelve más irascible, el tráfico va más lento, uno se vuelve más melancólico… Y lo que es peor, no se puede ni pasear ni nada. Resulta que teniendo en cuenta todo eso al levantarme ayer decidí (en parte ayudado por Maribel) no ir a trabajar con el coche y hacerlo en transporte público. ¿Cuánto me duró esa intención? Es dificil de precisar, pero me temo que no más de lo que tardé en poner un pié en la calle mojada. Al notar el agua en mi cara decidí que tampoco había tanto atasco y que si París bien valía una misa pues ir a trabajar bien vale un atasquillo. Así que ni corto ni perezoso me monté en Astracán que arrancó perezoso entre lamentos mecánicos y humos de todo tipo. Tras arrancar me dí cuenta de que en Madrid los intermitentes no sirven para nada: nadie los usa y si tú, pobre, los empleas nadie les hace ni puñetero caso. Un ejemplo claro de esto fue un todo terreno que aceleró literalmente para no dejarme poner en su carril. Al final lo logré por el principio de valor residual de vehículo accidentado. Una teoría promulgada por Jaime que dice así “Al encontrarse en una situación de preferencia de paso discutida siempre terminará pasando antes el coche cuyo valor residual tras el previsible choque sea menor”. Es decir, que con lo viejo que está Astracán, llevarlo con un golpe más no me importa demasiado, cosa que puede que sí le interese a la persona que conduzca el otro coche que probablemente sea más nuevo. El caso es que tuvimos que parar los dos nuestros respectivos vehículos y tras comentar la situación entre nosotros a través del cristal con una bonita mirada de odio dibujada en la cara de ambos dos, aceleré y logré girar a la derecha (que era mi objetivo).

Tras esto llegué sin complicaciones al trabajo. Y no me dí cuenta de que el verdadero peligro empezaba ahí. En la aparenteente inocente silla sin brazos que hay delante de la mesa. Por la mañana no tuve ningún problema, todo fue bien, pero por la tarde… Por la tarde sonó el timbre y apareció al abrir la puerta una vecina conocida por todos porque es una señora peculiar. Va por la calle cargada de bolsas y con un fox terrier con el morro lleno de canas (lo que hace suponer que ya debe de tener sus años). El caso es que esa señora no parece contar con la cordura como una de sus facultades más destacadas,. Mi primer pensamiento fue cerrar la puerta, pero claro, la notaría es un establecimiento público. Se debe atender a todas las personas que entran, así que la dejé pasar. Dijo lo que quería hacer, que era una escritura normal y corriente, pero le informé que el notario no estaba y que por tanto no iba a poder firmarlo. Entonces preguntó si lo podría firmar mañana a lo cual le contesté que sí. Todo iba bien hasta ese momento, pero las cosas se empezaron a torcer cuando empezó a contar porqué quería hacer aquello. Contó una trama que ríete tú del asesinato de los Marqueses de Urquijo (los de fuera y los más jóvenes no lo sabreis pero fue algo sonado aquí en España en los años 80), mucha gente se había confabulado para matarla y para quitarle lo suyo… no creo que deba citar la conversación por respeto a la buena mujer. Pero realmente fue digna de un guión de Hollywood. Y lo peor es que se tiró 45 minutos contando esto y que quería un poder de su marido. Claro, cuando le decíamos que tenía que venir su marido a firmarlo decía que no, que lo firmaba ella (mañana mismo hago un poder del Rey autorizándome a pasar por él y lo firmo yo). Realmente lo que parecía que iba a ser una tarde apacible se volvió un infierno. Luego, cuando la convencí para que se fuera, aún se quedó en la puerta contándome el secreto de la fortuna de perico el de los palotes. La verdad es que la mujer me dió pena porque se veía que necesitaba hablar. Pero también me dí cuenta de que tenía la famosa enfermedad mental llamada “manía persecutoria”. Es una enfermedad mental angustiosa porque crees que todo el mundo está confabulado contra tí. Pobrecita!

Pero lo peor fue cuando, tras llegar a casa y cambiarme (quitarme el traje y ponerme de sport) me fuí a una reunión que tenía en casa de Cristina (en la plaza del M de Salamanca). [censurado], amablemente, se ofreció a llevarme. Con lo que llegué puntual a las 9. Tras la susodicha cita me fui a casa en autobús… o al menos eso intenté porque se me había olvidado la cartera en el traje. Mierda! Menos mal que tenía un billete de 20 euros en el bolsillo del… traje. Mierda! Estaba sin un duro, sin posibilidad de sacarlo a más de 3 Km de mi casa (además cuesta arriba). Total, que decidí que cuanto antes lo hiciera antes llegaba así que arranqué a andar (quien quiera ver la ruta que hice que pinche aquí). La verdad es que la noche se quedó de lo más agradable y no llovió (gracias a Dios, porque se me había olvidado coger paraguas e iba sin abrigo). Hubo momentos de pensar que nunca llegaría a casa, pero por fín llegué, tras una hora andando pude sentarme en un sillón y contar mi periplo al chico este con el que vivo. El cual me dijo que él estaba por ahí a esa hora y que si le hubiese llamado me habría pasado a buscar. Por un momento me dió rabia, pero luego pensé que todo paseo largo es un reto y que alegra cuando menos al que camina, es decir que hice carne el dicho de “El que no se consuela es porque no quiere!”.

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2 responses to “Plus de peligrosidad”

  1. Si|vara Avatar

    Vaya día, chico… menos mal que llegaste a casa y te fuiste a la cama >_< Pobre señora, la verdad. Esa gente debe morir de puro estrés.

  2.  Avatar
    Anonymous

    tas por ahi?… tienes correo en gmail… Echale solo un vistazo y si no puedes pues no puedes. 😥

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