Cuernos a Astracan

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Ayer monté en autobús. Y he de reconocer que me gustó. Me gustó lo que se siente al estar esperando 10 minutos en la parada. Los pensamientos que fluyen en ese tiempo de espera son irrepetibles, es uno de los pocos momentos de soledad con uno mismo y de potenciación de la superstición y el sentido de la estadística.

Nada más llegar se pone uno a pensar en si habrá pasado hace mucho, y siempre llegas a la misma conclusión: “No, acaba de pasar”. Los motivos en los que se basa esta decisión son tan variados como inconsistentes: la falta de gente en la parada (a las 22.00 es dificil que haya mucha gente un jueves), el pasar 3 minutos sin que venga el autobús o una sensación propia de que esto es así. Posteriormente, cuando ya uno se ha convencido de la fatalidad sobrevenida , empieza a intentar descubrir cuanto va a tardar, y es ahí donde entra en juego la estadística. Primero da un plazo aproximado que luego empieza a perfilar y a definir según evolucionan las circunstancias. “Han pasado 2 autobuses del número 150 y ninguno del 14!! Ya debe faltar poco”, “Han pasado 15 minutos ya debe estar a punto de pasar”. Pero según va pasando el tiempo, poco a poco esos cálculos son cada vez más disparatados: “Han pasado 23 coches y ningún autobús… al 34 debe pasar” o “se ha cambiado el semáforo 8 veces, antes de la 12 ha tenido que venir”. Etcétera, etcétera. Y mientras uno va pensando en su vida, en el frío que hace, en cosas que normalmente uno no se detiene a pensar. Y ya, si no llega, empieza la superstición “Han pasado 6 cocnes rojos, al 13 debe venir el bus!”, “Si me mantengo 3 minutos sobre el pie derecho vendrá!”. Y ya, finalmente se intenta chantajear al de arriba: “Voy a aguantar la respiración hasta que venga!!”. Aunque al final, lo que ocurre es que el autobús viene cuando le da la gana. Y si se ha tenido que esperar mucho, se sube en el autobús con el firme propósito de cantarle las cuarenta al conductor. Y se pica el bonobús y se pasa hasta el final y se sienta uno sin haberle dicho nada al empleado de la EMT. Y es que al notar el calorcito del autobús a uno se le bajan todos los humos y pasa al lado del conductor pensando en “como la próxima vez llegue tardeee….”. El problema es que todas las veces que llega tarde se piensa lo mismo y no se hace nada al respecto.

He de reconocer que una vez sentado en el bus me sentí en mi salsa y me pude dedicar a lo que tanto me gusta y tan nerviosa pone a Maribel que haga: observar a la gente. Cada persona que monta en el autobús tiene su propia historia, y según como se comporte se puede descubrir un poco de la misma: cómo se mueve, cómo se comporta… están los que quieren demostrarse a sí mismos que aún tienen amigos, para ello se ponen de pie en medio del bus y llaman a uno cualquiera de la agenda de su movil. Cuando le descuelgan el teléfono se pone a hablar a gritos y a reirse para que todos le oigan y así demostrar que no es tan insoportable como aparenta. También está el que se sienta detrás de tí y te envuelve poco a poco con su olor, que ya puede ser axilar o bien halitoso. Estos son los que más odio porque nada se puede hacer para evitarlo. Pero en general es agradable ver a más gente compartiendo el autobús. Creo que el placer de conducir a Astracán no es comparable con el de ver gente en el autobús, son placeres distintos que voy a intentar compaginar.

Y por qué iba en autobús? Porque me encaminaba a una magnífica fiesta que daba la siempre extraordinaria Milú por la consecución de su primer contrato laboral en condiciones y por la finalización de su carrera de periodismo. Nos trató fenomenal, aunque la pobre apenas podía hacer caso a todos los invitados que eramos muchos y muy variados. Estaban hasta los padres de la susodicha. Tras unos minutos agradabilisimos en la fiesta, decidimos volver a casa porque al día siguiente había que trabajar. Aun volviendo pronto arrastro como cadenas las consecuencias de esta minitrasnochada. Ya estoy viejo. Esperemos que mi cuerpo no se entere…

Comments

4 responses to “Cuernos a Astracan”

  1. JavierB Avatar
    JavierB

    ¿Solo 10 minutos esperando el autobús? ¡Eso es un chollo!

    Otra cosa que se puede pensar mientras se espera es: “Han pasado 4 autobuses de mi número pero en dirección contraria, sin embargo no pasa ninguno en la dirección que necesito” ¿Donde se meten estos autobuses? ¿Han quedado para algún congreso sobre Transporte Público Colectivo? ¿Han sido abducidos y nunca más volveremos a saber de ellos?

    Saludos, 😛

  2. EPA2 Avatar
    EPA2

    Bueno, aquí por el sur, el tema del bus está peor que en madrid, 😈

  3. cvander Avatar

    Me parece que tienen un muy buen sistema de transporte colectivo en Madrid, así que aprovechalo y así dejas descansar un poco a Astracan 😉

  4. jesusbet Avatar

    jaja… pues si conocieras los autobuses (camiones mexicanos), no te quejarías, te lo aseguro :mrgreen:

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