Nada es igual

http://karlankas.top/wp-images/taza.jpgEran las ocho y media de la mañana en punto. Como cada día -fiel a su cita- la anciana de pelo blanco llegó, ayudándose de su bastón, hasta la mesa en la que se solía sentar. Era una mesa pegada a la ventana del frontal de la cafetería, la que estaba más cerca de la esquina sur del edificio y desde la que se podía ver toda la calle con un simple golpe de vista. No era la mejor mesa, pero la tierna ancianita siempre, desde antes de que Bernardo, el camarero, empezara a trabajar en dicha cafetería, se sentaba allí.

Como siguiendo una obra de teatro ensayada hasta la saciedad, el camarero -que llevaba más de 10 años en dicho local- se acercó a la mesa sonriente a preguntarle lo que tomaría. Ella, como siempre, preguntó por lo que tenían para desayunar y él le contestó lo mismo de todos los días. Ella tras -siempre- dudar un poco, escogió un café con leche y una tostada con aceite y sal.

Tenía que ser así, un día Bernardo, tras más de un mes sirviéndo a la misma persona la misma tostada a la misma hora, en la misma mesa; había tomado la iniciativa de llevarle sin preguntar la tostada y el café. La anciana miró sorprendida el desayuno y le increpó preguntándole por qué le imponía el desayuno. Él le contestó -lo recordaba como si fuese el día anterior- que era lo que tomaba cada día y que había pensado que con toda seguridad iba a volver a pedir lo mismo. Ella le dijo con una sonrisa en los labios que qué era lo que le hacía pensar que ese día iba a pedir lo mismo. Que todos eramos libres de elegir cada día lo que queríamos en nuestra vida y que hiciera el favor de traerle la carta. El camarero, al instante, retiró el desayuno y le llevó la carta de la que la mujer escogió lo mismo que tomaba siempre: Un café con leche y una tostada con aceite. Y aquel día Bernardo comprendió que cada momento es diferente y que la elección de cada día, es independiente de las anteriores y que eso es lo que realmente le hace a uno libre.

A partir de ese día Bernardo sintió gran aprecio a la señora que siempre hacía lo mismo: Se tomaba el desayuno sin dejar de mirar por la ventana, como si esperara algo. Una vez terminado el desayuno aguardaba hasta las nueve de la mañana y se marchaba.

Un buen día Bernardo no pudo por menos que saltarse todas las normas de cortesía y protocolo que se deben exigir a un camarero profesional como era él y se le acercó. Tras un rato esperando, al ver que la mujer no le preguntaba por el motivo de su cercanía carraspeó y le dijo:

– Señora, ¿no cabría la posibilidad de que este, su humilde camarero, le haga una pregunta? -la mujer le miró sonriente y le dijo:

– Adelante, jóven! – el camarero se puso más serio aún y le dijo:

– Desde hace diez años cada día ha venido usted aquí a desayunar y siempre mira por la ventana como si cualquier día fuera a llegar algo o alguien. ¿Qué es lo que espera usted con tanto interés?. – La anciana se sonrió y bajó la mirada a la taza pensando, como si la pregunta le hubiese hecho recordar por qué estaba allí. Finalmente miró al camarero y le dijo:

– No se preocupe que no me molesta con su pregunta, es más, llevaba años esperándola. El motivo de venir aquí todos los días era, en cierta manera, esperar esta pregunta. Supongo que necesito contarlo, aunque no sé si sabrá entenderme. ¿Qué hora es?

– Van a ser las nueve -contestó el camarero intrigado por las palabras de la anciana.

– Me tengo que ir. Pero mañana prometo contarselo. -El camarero vió con fastidio como tenía que esperar hasta el día siguiente para entender la actitud de la anciana. “Bueno, al fin y al cabo, ¿qué son 24 horas frente a 10 años?”.

Al día siguiente, el camarero la esperó con impaciencia, aun antes de la hora volvía la cabeza cada vez que oia la puerta para ver si venía su dama misteriosa. Finalmente llegó un niño que le preguntó “¿Es usted Bernardo?”. Tras la respuesta afirmativa del hombre el chiquillo le dió un sobre y salió corriendo antes de que le pudiera preguntar nada. Escrito sobre el mismo sobre con una caligrafía elegante y regular se podía leer ”

Siento no poder asistir a nuestra cita, mi querido Bernardo, ruego me sepa disculpar. El motivo de mi ausencia es el saber que ya no tiene sentido que vaya para allá. Yo estuve ciega durante estos últimos años, lo que esperaba ya va a ocurrir, usted me lo hizo ver.

No se preocupe, no ha hecho nada malo. Si quiere conocer los motivos que me llevaron a esperar tanto tiempo abra este sobre. Lo llevo guardando desde hace más de 15 años. En él encontrará el motivo y usted también querrá esperar….

Un saludo.

Bernardo miró el sobre con renovado interés, se veía viejo y polvoriento. El antaño color blanco se había vuelto amarillento. En la esquina superior izquierda del mismo se podían distinguir 2 letras la K y la N. Abrió el sobre, comprobó asombrado que era el primero en hacerlo. “¿Cómo esta mujer puede estar esperando algo diciendo que este sobre es el motivo si nisiquiera lo ha abierto?” pensó. Una vez abierto el sobre sacó un papel fino como el de fumar mecanografiado a doble espacio y con un título de lo más extraño. Empezó a leer.

Los hermanos Sagarra en la Ópera

Estoy descubriendo la sensación de conducir en invierno. Supongo que no os interesa, pero para mí es una experiencia totalmente nueva, habida cuenta de que me saqué el carnet el pasado Mayo (ver los comienzos de este blog) yteniendo en cuenta lo benigno ha ha venido siendo la metereología, no había tenido que pasar frío en el coche hasta estas fechas. Y todo son sensaciones nuevas. El sentir el fresquete al meterte en el coche, el notar cómo se insensibilizaban los nudillos al coger el volante, el apreciar el empañado del cristal de atrás del coche y la necesidad (¡que importante se siente uno al activar este mando del coche!) de usar el desempañador del cristal de atrás para poder ver. Todas son sensaciones nuevas y hasta cierto punto gratificantes.

Ultimamente lo paso mal porque al pobre Astracán le cuesta más despertarse. Al girar la llave el pobre gimotea antes de encenderse. Antes apenas gimoteaba un poco, ahora se lamenta más, aunque siempre arranca a la primera. A lo que no estoy acostumbrado es a que el motor esté frío y, claro, se cala quedando ante el resto de los conductores como un principiante. Es cierto que lo soy, pero hasta ahora no se me había notado nada. Me movía como un barco pirata entre la mar de asfalto. Con eso de tener tanto bollo los demás se apartaban pensando “vamos a alejarnos de este que tiene pinta de no encomendarse ni a Dios ni al diablo”, dejándome el campo libre para entrar siempre el primero por las bocas estrechas. Pero ahora… ahora, con el starter como lo tiene, no sé si (recién arrancado Astracán) podré lanzarme como loco al hueco ya que puede que se me cale y quede fatal ante el resto de los que pueblan las calles de Madrid. Eso sí, una vez paseado Astracán se comporta como el de siempre, acelera como nadie y frena como el que más. Ahora que hasta entonces no sólo tengo que sufrir los calados del coche, sino que tampoco puedo coger el volante como Dios manda. Lo cojo con dos deditos (bendita dirección asistida) hasta que puedo poner la calefacción y esta calienta los puños. Y es que las toberas (¿se llaman así?) de la calefacción las tengo enfocadas a los dos puños. Es una buena solución, aunque cuando quitas la mano del volante te da todo el calor en la cara y es un poco desagradable. Así que hasta que el coche está caliente voy, literalmente, jugandome la vida encogido hacia delante, con el volante cogido con los dos dedos índices, temblándome las piernas por el frío y con el coche que se puede calar en cualquier momento. Menos mal que Astracán, con eso de que le gustan los coches, en cuanto pasea un poco se pone caliente y ya puedo estirarme.

Por otra parte ayer almorcé en casa de mi hermana Lourdes -que la pobre sigue pachucha y sin saber lo que tiene- y de mi cuñaaaaaoooo. Pero no estaba yo solo, estaba también mi otra hermana Cuchi y mi madre. A parte del matrimonio habitante habitual de la casa (menos mal que no estaba también Chufa ya que entonces no habríamos cabido de ninguna manera. Y es que mi querida hermana vive en un piso muy cuco. Tan cuco que no caben más de 7 personas. Ahora, eso sí, está genialmente decorado.

Total que ahí, como hermanos Marx en la Ópera, nos dedicamos a dar buena cuenta de la buenísima comida que nos preparó Lourdes (es increible lo que hace el matrimonio… antes no freia un huevo y ahora cocina fenomenal) que, a pesar de estar convaleciente, no nos dejó ayudarla en nada (genio y figuraa…).

Tras la magnífica comida y una buena sobremesa (sí, efectivamente, me salté el régimen. Esto más que un régimen parece una prueba de triple salto de longitud) me fui a bajar a Chufa, la cual me esperaba moviendo el apocope de rabo que tiene y con el baile de “vamos a la calle” (vuelta sobre una misma, hop! salto a la pechera del traje de Carlos, hop! Ladrido, hop! Ladrido, hop! Mordida de correa, hop! y salto final). Tras aplaudir su siempre meritoria actuación (hay que recordar que tiene ya 9 años) nos fuimos a pasear. Hizo sus cosas y volví al trabajo tras dejarla con la comida en el cacharro (es una delicia, así no ladra nunca).

Por la tarde estuve tomando algo con Maribel en Mallorca (la pastelería) lo cual me hizo darme cuenta de que cada vez estamos más viejos. Dentro de poco iremos a jugar al bridge o a la canasta al Eurobuilding. Tras esto me fui a una reunión que tenía.

Por la noche estuve hablando con ese personaje que todos sabeis quien es pero cuyo nombre no puedo decir por no sé que suerte de maleficio y me fui a la cama.

Por cierto, que ayer estuvieron intentando regar con SPAM (publicidad no solicitada) mi pobre diario. Menos mal que con el WP BlackList 2.6 no pudo entrar ninguno (creo).

Bernardo, dobló la carta sin entender nada. Seguramente la pobre mujer guardó la carta pensando que era de otra persona. Pero entonces, ¿alguien le dijo que le esperara si recibía su carta? Tal vez, incapaz de enfrentarse al fracaso de no recibirla, tomó esta carta como La Carta y siguió el plan durante 15 años. Pero… ¿a quién esperaba? Durante el resto de su vida laboral, Bernardo no volvió a ver a la anciana. Pero todos los días que trabajó miró a las 8.30 por la ventana por la que, antaño, miraba la ancianita. Esperando entender, esperando saber, esperando sentir lo mismo que llevó a la anciana estar esperando tanto. Sin saber que ya lo estaba sintiendo.

Comments

4 responses to “Nada es igual”

  1. KarlanKas Avatar

    Rayos!! Este mensaje me ha salido con un montón de faltas de sintaxis y de coherencia :???:. Lo he arreglado un poco para que se entienda. Un saludo!!:wink:

  2. Miriam Avatar
    Miriam

    Cada día tus historias son más interesantes y me gustan más. Sigue así.:wink:

  3. gioconda Avatar
    gioconda

    muuuuuuuy entrañable, sigue en la línea!!!!!!!!!!!

  4. KarlanKas Avatar

    Muchas gracias por vuestros ánimos!!

    Si os gusta será que voy por el buen sentido… o no?

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