Historias del abuelo cebolleta

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Estoy harto! Siempre se me olvidan las gafas. Si no es en el coche es en casa, y si no se me olvidan aquí. Y la culpa de todo la tiene mi coquetería que supera los límites normales. Por culpa de la misma estoy redactando esto sin ver lo que escribo, es decir, de pura fe. Fe en que mis dedos no se confundan al teclear y fe en que mi redacción no sea confusa, ya que no la puedo revisar. Bueno, claro que podría, pero tendría que echarme para adelante y ese es un esfuerzo que no estoy dispuesto a asumir en este instante. Menos mal que, por primera vez, estoy redactando esto en el Word y me hará ver si cometo alguna falta de ortografía de bulto. Aunque no sé yo, porque este ordenador siempre me está buscando las vueltas. Es el más viejo de aquí y, claro, se quiere hacer notar. Es el más viejo pero no es viejo. Quiero decir que es el que más tiempo lleva, pero no es un cacharro. Aun le queda cuerda a este Celerón de 1 GHz.

El caso es que veo menos que un topo tuerto, estoy harto. Creo que la culpa de esta falta de visión es por las últimas gafas que me hicieron. Me pusieron 0,75 de hipermetropía y claro, con eso el ojo se acostumbra y se hace dependiente. Es como si le pones un sofá comodísimo al ojo. Cuando le haces levantarse se queja. Esto me recuerda a cuando era pequeño y tenía la revisión médica anual. En 4º de primaria (antes EGB) me dijeron que necesitaba gafas, pero nunca lo dije en casa, así iban pasando los años y mi principal preocupación era que no me dijeran que necesitaba gafas, así que intentaba recordar todas las letras de la fila última que tenían para comprobar la vista. Siempre me ponía nervioso y fallaba. Además que quedaba rarísimo: “Esa letra es laa…mmmm… es la cuarta entonces es laa….mmmm…” y claro, me contestaban “Pero lo quieres leer?”. Una vez temí que me decían que tenía que volver a primero para recordar como se leía! Un año lo conseguí, conseguí aprenderme de corrido toda la fila de abajo, pero empezaron preguntándome las letras de la fila anterior (que tampoco veía) y siempre me decían lo mismo: “Chico, dile a tus padres que te lleven al oculista, te lo venimos diciendo desde 4º!”. Esa era mi aventura.

Pero lo peor fue a un compañero que entró nuevo en octavo (teníamos 13 años). Resulta que entre las pruebas que nos hacían estaba el comprobar si teníamos los pies planos, comprobar si oiamos bien (con un diapasón) y mirar si teníamos fimosis. Estas tres pruebas se hacían en un cuartito en el que ibamos entrando de uno en uno y que realizaba un enfermero con pinta muy rara (viejo, con el pelo pegado a la cabeza y unas gafas de culo de vaso). El caso es que el chico este nuevo preguntó al que le seguía qué se hacía tras esa puerta. Y el compañero (con muy mala idea) le contestó “Nada, hay un tío un poco raro que te mira el oido y si tienes pies planos. Bueno, hay quien dice que a algunos les dice que se bajen los pantalones y le empieza a tocar por ahí, pero son habladurías”. Os podeis imaginar lo que ocurrió. Al poco tiempo de entrar se empezaron a oir gritos “PERO USTED ES UN GUARRO!!! QUÉ SE HA PENSADO?!!” y el chico salió espantado. Tuvieron que ir dos profesores a hablar con él para hacerle entrar en razón y convencerle de que todo era normal. Al compañero que le dijo eso le castigaron, pero todos nos reimos y mucho.

Perdonad que empiece a contar los cuentos del abuelo. El caso es que ayer fue un día de lo más extraño. Estuve por la mañana trabajando un poco más fuerte, se ve que las vacaciones ya se acaban y se recupera el ritmo normal. Y por la tarde tuve duelo en la cumbre con [censurado]. Estuvimos jugando al tenis (en la PlayStation2, claro) y fue un duelo de lo más tenso. Siempre habíamos jugado entre bromas y chistes, pero a medida que vamos dominando el juego vamos permaneciendo más callados. Ayer apenas dijimos dos palabras fuera de las típicas expresiones de “Ahí tienes!!”, “Chúpate esa!!” y demás. He de reconocer que mi contrincante es mucho más deportivo que yo y me felicita por los golpes bonitos. Yo le digo que ha tenido potra!

Luego fui a buscar a Maribel y nos fuimos a visitar a la siempre simpatiquisima Desirée. Astracán estaba un poco nervioso cuando fuimos porque iba a conocer al coche nuevo de Desi. Un toyota corolla. Estuvo dudando si limpiar su parabrisas o no. Para él era importante conocerlo. Al final cuando lo vió se comportó de forma tímida y apenas dio un par de bocinazos de saludo. No sé si Desi se habrá dado cuenta de que cuando nos fuimos le escribimos un saludo en el cristal del conductor. Lo normal es que no se diera cuenta porque el coche estaba impoluto.

El caso es que estuvimos hablando de todo un poco, Maribel, Desi, la tele y yo. La tele hablaba de sus cosas y no nos hacía caso. Hablaba como un loco: por lo bajo y de sus temas, sin importarle de qué hablabamos nosotros. De vez en cuando hacía algún gesto raro y nos obligaba a mirarla, pero la mayoría del tiempo no le hicimos caso. Me tomé una cocacola fresquita que estaba de muerte! Tras una animada charla nos fuimos cada uno a nuestra casa. Llevé a Maribel a su casa y me prometió que hoy me invitaba a cenar (lo hacía para callarme porque no quiso aceptar mi invitación de cenar ayer. La pobre estaba muy cansada). Así que hoy tengo cenita!!

Ayer recibí la invitación de boda de Juan Pablo, un gran amigo de comunidades que ha preparado su boda en tiempo record. Se casa el próximo sábado 17. No penseis mal, no es por que le corra especial prisa… bueno eso sí. Pero no es porque vayan a tener un niño ni nada así. Es porque este chico es así. Y aquí estoy… sin trajes limpios. Tendré que llevar alguno al tinte…. pues mira! Hoy voy a llevar todos! Y que sea lo que Dios quiera!

Por cierto, hy tomo un café con Rosa y Verónica. Dos muy buenas amigas que conozco desde los tiempos de la facultad. A ver que me cuentan porque hace mil años que no las veo.

Paz y concordia para todos!

Comments

One response to “Historias del abuelo cebolleta”

  1. cvander Avatar

    Bueno, pues lo de los lentes te lo ganaste por no ir a tiempo, pero ahora te aconsejo que tengas un par de emergencia en el coche o la oficina para no olvidarlos. Y los dedos no te fallaron al escribir 🙂

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