Comida en el VIPS

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Ayer viernes, por una falta de logistica por mi parte, tuve que comer solo. La verdad es que fui bastante estúpido, porque a cada persona que me proponía comer con ella le decía que no pensando que iba a comer con una tercera. Al final dió la 1.30 y me dí cuenta de que no tenía a nadie con quién comer. Así que me hice a la idea de que cuando llegaran las 2 me iría a comer solo a la cafetería VIPS de Ortega y Gasset. A mí lo de comer solo no me importa en absoluto. Es como, parafraseando a Woody Allen, comer con la persona a la que más quieres en el mundo. Puedes leer mientras comes, no tienes que esperar a que el de enfrente termine, no tienes que ofrecer a nadie de tu plato… ¡es casi perfecto! digo casi porque siempre me gusta más comer acompañado, pero la sensación de poderío que da el comer en la soledad de un bullicio es algo de lo más apetecible de vez en cuando.

Total que llegado a la cafetería decidí sentarme en la barra, así evitaba estar esperando a que me dieran mesa. La elección del sitio en una barra de asientos fijos no deja de ser curiosa. A mí me encantaría, si tuviera tiempo, el sentarme a observar cómo elige la gente dónde sentarse ante determinadas circunstancias. Yo tuve suerte y encontré 3 sitios libres seguidos, por lo que me senté en el segundo. ¿Significa eso que me da asco sentarme al lado de la gente? No, pero uno siempre tiende a tener el mayor nivel de intimidad posible. Una vez sentado en mi fuerte (nadie a la izquierda, nadie a la derecha, nadie detrás y la barra al frente) decidí encararme con el camarero. Al verlo me quedé de una pieza. Era una versión joven de Mr. Bean. Con la misma nariz puntiaguda y levantada y con los ojos tan abiertos como los del feo actor británico. Total que procurando no sonreir espero a que me pregunte. Al preguntarme observé que era de estas personas de mirada distraida, que se supone que te está mirando, pero que te da la impresión de que está pensando en sus cosas o que se acaba de levantar de la siesta y aún no tiene claro hacia donde mirar. El caso es que ante la consabida pregunta de “¿Qué va a tomar?” respondí “Una cocacola y un Vips Club” (el vip’s club es un sandwich de 3 pisos muy bueno. No tanto como el SuperBarataria pero bueno al fin y al cabo). En individuo se queda 3 segundos asimilando lo que le he dicho y finalmente me pregunta “¿Y para beber?” le sonrío y le digo “Ya te he dicho que una cocacola” y pone cara de sorpresa y me dice “¡¡¡Es verdad!!!”. Se da media vuelta y yo empiezo a leer mi periódico. En esto que a mi izquierda se sienta un señor que por los aspavientos y los movimientos nerviosos tiene pinta de ser un hombre de negocios de la zona. El hombre ante la pregunta de lo que va a tomar contesta “Una cocacola light y un Vips Club”. Vaya, pensé, igual que yo! pero -y esto fue su perdición- de pronto cambia de opinión y dice “Bueno, mejor que la cocacola un agua con gas”. Entonces yo ví que a nuestro Atkinson particular, que hasta la fecha había tenido una mañana más o menos tranquila, se le disparaban las llamadas de alarma. “Una cocacola y un agua con gas, no?” Y el cliente con infinita paciencia le contesta “No, sólo el agua”. El chico se va y al cabo de un rato viene una de las repartidoras de la cocina y le pone una cocacola light. El hombre dice “no, eso no es”. Entonces aparece el camarero y dice “no, no!!” mirando con severidad a la pobre chica de las bebidas, como queriendo desfacer el entuerto “Antes es el agua con gas!” y le pone la botella de agua con gas delante al lado de la cocacola. El hombre, incrédulo ante tanta incompetencia, responde que no. Que sólo el agua. Entonces el camarero con la decepción en sus ojos le contesta “Pero la cocacola…” y el ajetreado empresario empieza a ponerse nervioso. Toma la cocacola y la pone a su izquierda lo más lejos que da su brazo. “Sólo quiero el agua” dice con severidad. Tras unos segundos (que a mi, observador ajeno se me hicieron horas) el camarero tuvo una conexión interneuronal y se dió cuenta de que sólo quería el agua. “Ah, vale! y no la va a querer más tarde?”, pregunta, “NO!” le casi grita el de mi siniestra. Por fín se lleva la cocacola.

Me traen la comida y poco después la suya al pobre hombre de la cocacola. Cuando se la termina, se ve que tenía prisa porque lo hizo deprisiisisisisima, le llega el camarero y le pregunta si quiere postre. Ante la respuesta negativa del hombre le trae la carta con los postres. Yo no puedo evitar sonreirme.El hombre le sonrie (como quien sonríe a un niño de 2 años) y le dice que no va a tomar nada. Entonces saca unos tickets para pagar y en ese momento le ponen una ensalada caesar. Yo, asombrado ante el saque de ese hombre le miro y me mira con cara de incredulidad como queriendo decir “Te das cuenta? Esto ya es el colmo!” Yo le sonrío como diciendo “Macho, te estás ganando el cielo”. Y ya el hombre coge la ensalada, se la pone al de su izquierda (el cual la empieza a comer inmediatamente) y se levanta y se va.

Estoy seguro de que este hombre tenía algo de lo que hablar con su secretaria cuando llegara al trabajo.

A la hora de pagar yo doy mi tarjeta de crédito (que es del club vips) y me dice “Esta tarjeta está caducada”. Yo miro con sorpresa porque veía que ponía que caducaba en el 2006. Al final se da cuenta y me cobra. Pero el pobre hombre debió acostarse pensando que no podía salirle peor un día…

Pero estaba buena la comida,e h?

Comments

One response to “Comida en el VIPS”

  1.  Avatar
    Anonymous

    Que te ha pasado este fin de semana???

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