Puente II. La pérdida de memoria

Written by

in

El sábado me levanté un poco tarde ya que para algo iniciabamos el fin de semana. Lo que me despertó fue una llamada de Antonio para preguntarme por el estado de mi hermana Lourdes. La respuesta que recibió fue una respuesta que sólo se puede dar después de muchos años de amistad. Le dije un improperio y le hice ver que las 10.15 es una hora a la que la mayor parte de la gente está durmiendo un sábado. Tras esto Antonio insistió en que no pensara porque decía que si no me despertaría. Y no me dejó contestarle la pregunta que me hizo. Sólo le faltó cantarme una nana. Colgó y le prometí que cuando me despertara le comentaría el estado de mi hermana. El caso es que no me desperté hasta hora y media más tarde. Y, cumpliendo mi palabra llamé a Antonio y le comenté las nuevas (lo de los gusanos y demás) y me comentó que ya había oido eso referente a unos amigos suyos, y que no entendía como la gente se podía ir a esos sitios tan raros de viaje de novios. Le dí la razón y colgamos rápido porque estaba conduciendo y tampoco era cuestión de que le pusieran una multa.

Mientras me tomaba el desayuno me puse a meditar respecto a la última noticia que me había dado Eduardo. Realmente en tiempo de nuestras madres esto era muy común, pero hoy en día es bastante atípico (salvo en grupos religiosos como por donde yo me muevo). Al final me dí cuenta de que aún no me hago a la idea… tal vez cuando pasen unos meses… mientras iré comprando una equipación completa del atleti de la talla cero. No vaya a ser que alguno se me adelante.

Este día tenía pensado ir a comer a casa de mi madre, pero a última hora me llamó para decirme que no comía en casa, así que tuve que improvisar. Miré en los armarios y, dado el frío que estaba pasando, se me ocurrió que lo único lógico sería hacer una sopita de arroz. Pero claro, otra vez me ví en mi total ignorancia de lo que supone estar a régimen. ¿Engorda una sopa de arroz? Los chinos están bien delgados y no paran de comer arroz, así que supuse que no. Pero por otra parte, probablemente no lo tomen en sopa con caldo de pollo. En cualquier caso se me antojó la sopa y empecé a prepararme la sopa.

Es increible lo que se hincha el arroz. Parece que no lo va a hacer, pero con el caldo y el calor se pone enorme. Tanto es así que tuve que cambiarlo del cazo inicial a una cacerola en condiciones. Y fue ahi donde me dí cuenta de lo mucho que cunde una taza de arroz. Me tomé 3 platos de sopa, por lo que concluí que daba igual. Esta sopa sí me iba a engordar. Permanecí como una boa constrictor en el sofá por espacio de 3 horas sin poder moverme. Pasado ese tiempo empecé a reaccionar como persona. Hablé con Maribel y nos fuimos a buscar unos pantalones que se había comprado Maribel. Esto no me gusta demasiado. No por acompañar a Maribel, que lo hago encantado, sino más bien por la retahila que viene después de “Te tienes que comprar camisas, te tienes que comprar pantalones, te tienes que comprar…”. Y es verdad, no lo niego. Pero me da taaanta pereza que no termino de decidirme. No me dí cuenta, pero cuando fui a buscarla vestía unos vaqueros desgastados en la rodilla (les tengo mucho cariño a esos vaqueros) y puso el grito en el cielo diciendo que así como iba no decía que era mi novia. Pensado el comentario no me pareció tan grave, no creía que nadie nos preguntara en zara si eramos novios. Además, luego se vió que era un farol, porque nos encontramos a una amiga de mi hermana María que nos preguntó si eramos novios y se vió obligada a asentir. Luego vimos a mi hermana con la que estuvimos charlando un rato. Después hizo el intento Maribel de comprarme algo pero me zafé (no me apetecía mucho andarme probando cosas). Y nos volvimos a para ver la película Memento. No sé si la habreis visto, pero juega magistralmente con el hilo del tiempo. Es sobre una persona que pierde la capacidad para crear recuerdos y para no olvidarse de las cosas se las apunta (al más puro estilo del patriarca de los Buendía en 100 años de soledad). Hasta ahí no pasaría de ser una película peculiar si no fuera porque quiere vengar la muerte de su mujer. Ya me direis cómo va a hacer semejante cosa si no recuerda lo que le han dicho hace 4 minutos…

Tras esto llevé a Maribel a su casa y me acosté que ya era hora. Al volver a casa me di cuenta de que tal vez yo tuviera la enfermedad del protagonista, porque se me olvidan muchas cosas. Sin ir mas lejos, creo que he mezclado cosas que hice el sábado con otras que hice el domingo… esperemos que no tenga que vengar la muerte de nadie…

Comments

One response to “Puente II. La pérdida de memoria”

  1. maribel Avatar
    maribel

    Efectivamente!estás mezclando el sábado con el domingo…no digo más!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *