Puente IV. La rebelión de las grasas

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Llegamos por fín al lunes, día de todos los santos. Antes en España se trataba este día de forma distinta, me hace gracia como los que se declaran antiamericanos y en contra de la sociedad global son los primeros que se cascan la máscara de esqueleto y se dedican a recorrer las calles haciendo trastadas. Por cierto, que una de las “trastadas” la hicieron en el siempre sereno y nunca suficientemente laureado Astracán. Un desaprensivo (palabra comodín en todos los noticiarios) tuvo a bien el hacer expolio de lade escobilla de uno de sus limpiaparabrisas. Este execrable acto produjo en mí una ira tendente a infinito, más que por la pérdida de dicho objeto, por lo carente de escrupulos de cierta gente y lo ruin que demuestra ser al robar algo que probablemente no cueste más de 10 euros. ¡Que me desvío del tema! El caso es que me fastidia un poco el cariz Americano que está tomando la fiesta de todos los santos.

El lunes era el día del cocido. Un día para el que había que mentalizarse pertinentemente. Desde el comienzo del día mentalizaba los garbanzos, el repollo, la carne, el pollo, el jamón en el interior de mi estómago a la vez que repetía para mis adentros “… cocidooooommm cocidoooommmm…”. El caso es que al final no hubo cocido por un motivo que aún no me ha quedado claro. Según unas fuentes por falta de Quorum, según otras por la falta de la gallina para hacer el caldo, según una tercera voz se canceló el cocido en un intento de que se juntara más gente. En cualquier caso el plato típicamente madrileño -y por extensión castellano y por extensión español- por uno típicamente italiano: Lasagna (o lasaña como decimos nosotros. La verdad es que he puesto lasagna porque es lo que leo en la caja de las lasañas congeladas que me tomo… nada que ver con la exquisita delicatessen con que nos deleitó la siempre simpatiquisima Myriam).

El caso es que después de todo lo que me tomé me dí cuenta de que me tenía que haber mentalizado igualmente. Interrogué a Myriam acerca del aporte calórico que podría producirme la ingesta de su delicioso platillo y me dijo que no sabía a ciencia cierta pero que mucho mucho. “¿Lo suficiente como para tener que decir que me he saltado el régimen?” le pregunté inocente. Las risas que produjo mi pregunta aún son incomprensibles para mí. Me temo que la respuesta tendría que ser algo muy obvio, pero no sé si será un “sí” o un “no”. Como me temo cual va a ser la respuesta, mejor pregunto a mi madre y así me quedo más tranquilo.

Disfrutamos de la Lasagna Nacho, Maribel, Pedro, Myriam y yo. Myriam la disfrutó doblemente porque fue quien la preparó. La disfrutó al probarla y la disfrutó al ver la cara de placer (casi pecaminoso) que mostrabamos al comerla. Estuvo regada con un tinto estupendo de no sé qué región de Francia llamada no sé qué de Castillon (digo estupendo para ser francés… porque todos sabemos que los españoles son mucho mejores). Y acompañado por un magnífico pan blandito blandito. Pero lo mejor de lo mejor fue la compañía. Mantuvimos unas conversaciones de lo más chupiritifláuticas sobre los posibles planes para los próximos fines de semana. Ví con orgullo que ninguno se fiaba de que fuera a salir adelante el plan que estoy planteando para ir a una casa rural el puente de diciembre. Digo con orgullo porque es como en los viejos tiempos. Nadie se fía de mis ideas peregrinas. A ver como sale todo.

Después de la Lasagna nos tomamos un sorbete de limón hecho por la anfitriona que no se lo saltaba un camello!! Que bueno estaba… al principio es cierto que resultaba un poco ácido, pero en seguida venía el sabor dulcecillo. Tras la comida nos fuimos rodando al sofá. Lugar donde continuamos la conversación. Ahí vino (entre otros) Reyes que participó de buena gana en el café. Estuvimos viendo fotos de bodas y comentándolas. De lo más entrañable.

Pero lo realmente estupendo es que Pedro me regaló unos pantalones que se compró hace 2 años pequeños y que me sientan como un guante. Así que ya no tendré que sufrir el ir a comprar unos vaqueros. Gracias a Pedrito. Ciudadano del mes por dicho acto de supina generosidad.

Tras la comida y sobremesa (que se prolongó hasta las 8.00) me fui a casa de mi hermana Lourdes, donde coincidí con Concha, mujer que en su juventud repartía las pizzas corriendo porque decía que lo hacía más rápido que en moto. Nos reimos mucho con las anécdotas que contó Concha. Y también me alegró mucho ver que Lourdes está mejor cada día.

Posteriormente fui a ver a mi querida madre para luego volver a casa a las 23.30 con la sensación de ser un miembro de la familia Plomez… siempre de visita!

Por cierto, que hoy vuelvo a empezar el régimen…

Comments

3 responses to “Puente IV. La rebelión de las grasas”

  1. Myriam Avatar
    Myriam

    Prometo hacer el cocidooooooooo…. cuando vuelvas a dejar el régimen.

  2. KarlanKas Avatar

    Entonces… mañana mismo!:wink:

  3. EPA2 Avatar
    EPA2

    bueno, que tengas suerte con el régimen, voy a ver si busco que no se donde leí para poner por medio de un cálculo matematico tu peso ideal, a ver si lo encuentro, un momentillo, por que por las fotos que tu pones, no le veo motivo para que hagas tanto regimen de las narices 🙂

    en fin… a ver si lo encuentro.

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