Era un jueves como hoy, Pablito Repollo salió de su casa con el propósito de encontrarse con su amigo Antonio Gaviota en la plaza mayor de Valdezarzos, su pueblo natal. Un pueblo de no más de ochocientos habitantes en uno de los sitios más llanos de toda La Mancha.
Pablito y Antonio eran dos milagros de la sociedad moderna. En un tiempo en el que la población rural abandona sus casas y cosechas y se van a las ciudades en busca de una mejor suerte, sus padres siguieron el camino contrario hace ya 8 años. Ellos no lo recuerdan porque nacieron aquí, es más, fueron concebidos aquí. Para ellos todo el mundo es este pueblo, no conocen más, no saben lo que es un gran almacén, o un teatro o un cine, también desconocen el sentido de la expresión embotellamiento o lo que es un semáforo o, incluso, que haya gente que mata a otros. No lo saben en gran medida porque en este pueblo no llegan las ondas hercianas de los canales de televisión, hacer que llegaran habría sido un gasto muy grande para las compañías y, por otro lado, inútil ya que nadie en dicho pueblo tiene televisión.
Los niños, a parte de Pablito y Antonio están Francisco Maiz y Jacobo Rodazal. se divierten con sus peonzas, sus chapas y sus bicicletas (todas demasiado viejas). Hacen excursiones, se bañan en la poza -cuando hay agua- y procuran evitar a las niñas ya que son un poco pesadas.
Pablo, tras pasar por delante de casa de la Señora Adriana y por la panadería de Don Genaro (el tío carnal de Jacobo) que le da un bizcocho, llega hasta su amigo del alma.
– Lo has traido? -le pregunta este impaciente. El hijo de los Repollo hace un gesto afirmatico con su cabeza casi imperceptible mientras se lleva una mano al bolsillo de su diminuta americana- ¡¡Déjame verla!! -dice Antonio llevando su mano al bolsillo señalado por su amigo. Éste se retira y le dice:
– ¡No! Luego, que aquí hay mucha gente. – Antonio mira alrededor y comprueba que la plaza está desierta a excepción de Milagritos, la hija de la Doña Charo, que les mira con redoblado interés. Para evitar que se les acerque, mira corriendo hacia otro lado, disimulando, mientras le comenta al dueño del secreto:
-De acuerdo, ¿pero cuando me lo vas a enseñar? Recuerda que la idea fue mía.
-Hasta que no estemos todos los que hicimos el pacto no lo enseñaré a nadie.
Así que salieron corriendo en dirección a la casa de Jacobo. Sabían que era un largo trecho, y más para ir andando. Pero la emoción ponía alas a sus pequeños pies. Mientras corrían gritaban arengas a sus piernas para que les llevaran más rápido. Habrían ido en bicicleta si no fuera porque a la de Pablo se le había salido la cadena y a Antonio le hubiesen castigado sin la misma por casi atropellar a Doña Begoña el día de difuntos. El chico siempre dijo que la culpa fue de “la Goña” (así es como la llamaban) que estaba demasiado pendiente del ramo que llevaba a la tumba de su difunto marido Don Guillermo, y que no miró al cruzar la calle. Desde entonces, y en venganza, cada semana le roba 3 huevos de las gallinas de su corral. Lo cual no cumple con su objetivo, porque la buena señora tiene a las gallinas como animales de compañía y ni se preocupa de recolectar los huevos que van poniendo. Pero esto el chiquillo no lo sabe y cada vez que agarra uno siente en sus carnes el placer de la venganza. Una venganza como deberían ser todas: inocua y calmante.
Por fín llegaron a casa de Jacobo que les estaba esperando en la puerta. Al verles llegar sale a su encuentro y antes de siquiera saludarles les preguntó si lo llevan. Los dos recien llegados asintieron sonrientes y los tres salieron corriendo en dirección al bosque. Siguieron un camino secreto que sólo ellos conocían hasta llegar a su cueva secreta, la “Roca del Lobo” donde les estaba esperando Francisco con el susto dibujado en su cara.
-Chisco!! Ya hemos llegado!!
– ¿!Lo teneis!? -preguntó este lleno de nervios.
– Por supuesto!! -le contesta Pablo indignado ante el simple planteamiento de que no lo fuera a conseguir.
– ¿Pero… lo sabe tu padre?
– No lo sabe nadie más que nosotros 4 -contesta el que, en estos momentos es el héroe del grupo. Y con gran reverencia se llevó la mano al bolsillo del que saca lentamente un paquete envuelto con periódicos y lo deposita en el suelo de piedra. La sombra que produce en la misma la luz del fuego que tienen a modo de calefacción e iluminación hace que parezca que crece y disminuye de tamaño o que se mueve de aquí para allá.
Tras dejarla miró a todos los presentes y les interrogó: “¿Recordais nuestro juramento?”. Todos asintieron y lo recitaron de memoria en un susurro, como rezándolo, y deprisa y corriendo para poder ver cuanto antes el contenido del paquete. Una vez concluyeron Jacobo empezó, como siguiendo un ritual, a desenvolver lentamente el paquete. Una vez lo hubo desenvuelto los 4 vieron una caja de madera. Era una caja peculiar por cuanto su altura no debía de ser mayor de 3 centímetros, mientras que su longitud y profundidad debían tener unos 15 y unos 20 centímetros respectivamente. El cierre era una cuerda atada alrededor. Jacobo, que debía ser el maestro de ceremonias dado la solemnidad y pericia con la que lo hacía, abrió el cierre y abrió la caja. Dentro había un papel cuidadosamente doblado. En cuanto dejó la tapa, que en su interior tenía grabado con caligrafía gótica las letras K y N, Pablito sacó el papel, lo desdobló y empezó a leer:
“Lesiones a Astracán
Ayer por la mañana ocurrió algo terrible para el siempre adorado y nunca suficientemente laureado Astracán: su siempre gracil puerta posterior derecha fue brutalmente arañada. Todo ocurrió cuando, llegado a la calle donde suelo aparcar el coche, y vi un sitio adecuado para depositar el coche en batería. Iniciada la maniobra, me di cuenta de que el sitio era demasiado estrecho cuando la delicada puerta del protagonista de la historia fue salvajemente arañada por la esquina izquierda del parachoques posterior del coche posicionado a su derecha. Rápidamente inicié la maniobra necesaria para evitar daños mayores pero los ocasionados ya estaban. Por fín logré aparcar y me bajé del coche para comprobar que los daños eran importantes. A Astracán apenas se le notaban, dado que es un héroe fraguado en mil aparcamientos, pero el parachoques del coche de al lado (un MEgane, creo) quedó totalmente decorado con la pintura del mío. Sé que a muchos les parecerá un regalo inmerecido, bañar su coche en la mítica pintura de Astracán, pero me da que al dueño del coche de al lado no le gustará. Ni siquiera aunque le dijera que es mi primer golpe importante con dicho vehículo.
Tras acariciar disimuladamente el parachoques con la manga de mi chaqueta me encaminé al trabajo y ahí recibí la llamada de mi siempre querido amigo Luis que me preguntaba subre la conveniencia de que quedaramos para almorzar juntos. Raudo y veloz asentí y llamé al resto. Para mi sorpresa todos aceptaron, incluso Nacho que tenía que ir a buscar a sus suegros pero que se inventó un cliente de última hora para poder zafarse y así venir a comer (jejejeje! Es broma, eh Queenie!!?? El chico estaba totalmente compungido ante la imposiblidad de ir a buscar a tus siempre acertados padres!!). El caso es que estabamos todos, hasta Eduardo que empezó a relatarnos los avances del embarazo de su siempre encantadora esposa. Nos dijo que la pobre mujer tenía nauseas matutinas y que tomaba un jarabe que se llamaba… cómo era…? algo así como “Tararín Tararán” oo… “plim plam” creo que era “plimperan” o algo así… también nos contó su primera visita al ginecólogo (que él llamó pediatra). Para gran sorpresa de Luis nos transmitió Eduardo que el médico les había dicho que era una estupidez lo de tomar Ãcido Fólico. Según el sorprendido Luis es una forma de evitar la espina bífida a lo que contestó Eduardo que así se amariconaba a los niños desde antes de nacer y que estaba seguro de que la madre de ninguno de los sentados a la mesa había tomado ácido fólico y estabamos todos muy sanos. Tras un momento de duda y tras mirarme durante un rato dijo: “bueno, casi todos”. El caso es que Luis hizo una defensa tan a ultranza del susodicho ácido que Nacho y yo hemos tomado la determinación de tomarlo todos los días. Porque además, por lo visto, no hace falta estar embarazado para tomarlo. Y el calcio según parece también es necesario, pero me da que el calcio ya lo tomo con la leche así que no me he comprometido a nada.
El caso es que el embarazo va viento en popa y Eduardete está de lo más contento. Tras la comida volví a casa y miré disimuladamente a Astracán cuando pasé al lado. No le pasaba nada, y lo que es mejor, el coche de al lado había desaparecido. Menos mal!! Llegué al trabajo lleno de felicidad.
A las 7 fui a buscar a Maribel al trabajo, tras lo que me fui a casa y ví terminar “el día de mañana”. Fantasmada americana que empieza de forma distinta a la mayoría y termina como todas. Estas películas cada vez son peores.”
Tras leerlo, Jacobo -que tenía el asombro dibujado en su cara- preguntó: “¿Qué será una pelicula?”
saludos! y me presento soy nuevo, me llamo luis
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