Muy crecido

Guillermo Nueto se puso a recapitular: ya era mayor, había cumplido los 4 años de edad y ya sabía contar hasta 10 de carrerilla y decir las letras del abecedario hasta la K, donde igual se hacía un poco de lío para continuar. Podía abrir la puerta de su habitación sin ningún problema e ir al baño él solo. En resumidas cuentas, ya era un chico grande. Y si era un chico grande no entendía cómo aún le daba miedo la oscuridad. Cada vez que miraba a la derecha y veía su gusiluz encendido sentía una doble sensación de lo más desagradable: por un lado tranquilidad al ver luz y por otro enfado consigo mismo por necesitar a ese muñeco para dormir bien. Varias veces había hecho la prueba de no encenderlo para ver cuanto aguantaba. Pero siempre había acabado cediendo y apretándolo con frenesí hasta que se encendía. Sólo hubo un día que no lo encendió, y no fue por voluntad propia, sino porque se cayó al suelo cuando, después de haber aguantado lo indecible con la luz apagada, se lanzó a por él con el corazón en la garganta. Al oír cómo caía al suelo sintió un pavor desaforado que le llevó a llorar como un descosido hasta que su madre llegó y le dió su muñeco al que abrazó como un naufrago se agarra a una tabla en medio del mar.

Ese día iba a ser distinto. Se había propuesto no encenderlo y no llorar. Iba a esperar hasta quedarse dormido, durante toda la semana había estado ensayando y cada vez podía aguantar un poco más. El último día había aguantado 37 respiraciones. Lo de 37 era una estimación porque con eso de que no sabía contar más que hasta 10 confundía los números y no sabía muy bien como seguir contando (después del 12 iba el 25, de eso estaba seguro, y luego el 15. Lo que no tenía tan claro es si después iba el 37 o el 36). 37 respiraciones estaba muy bien, aunque claro, según iba avanzando el tiempo en la oscuridad cada vez respiraba más deprisa y entonces se desvirtuaba el experimento. Pero a Guillermo le parecía suficiente para dar un paso más allá.

Abrió los ojos, su habitación estaba totalmente en silencio y a oscuras. Hacía 10 minutos que se había acostado. Entraba una rendija de luz por debajo de la puerta y en la penumbra podía adivinar la silueta de su gusiluz recortada en la sábana blanca. Se sabía el dueño de la situación. Aún el miedo no se había apoderado de él. Empezó a mirar con curiosidad a su alrededor, a su izquierda podía adivinar la ventana con la persiana blanca echada, un poco más hacia sus pies estaba el armario de dos puertas donde guardaba toda su ropa. Al fondo de la habitación no lograba ver, pero sabía que estaba, su mueble de cajones donde su madre guardaba sus jerséis y camisas.

A los pies de su cama veía todos los muñecos que normalmente están encima de la cama pero que su madre ponía en el suelo para que él se pudiera acostar. Él siempre había tenido miedo a que se enfadaran por cambiarles cada noche de la cómoda cama al frío suelo, y por ello insistía a su madre en que quería dormir con todos sus muñecos pero nunca había cedido su madre. Ahora comprobaba que no parecía que se movieran… un momento… el conejo orejotas… se estaba moviendo? Guillermo se incorporó en la cama con la boca abierta y su gusiluz preparado para ser apretado en caso de necesitarse. Efectivamente el conejo se estaba moviendo. Correteaba de un sitio para otro, parándose cada dos por tres para reírse y seguir corriendo. El corazón del niño comenzó a bailar a un ritmo frenético, pero se obligó a no utilizar su salvavidas.

De pronto vio como otras sombras se movían de aquí para allá. Eran seres extraños que no reconocía y que salían de debajo de su cama. Sobrepuesto del susto inicial y ya con cierta curiosidad se puso a cuatro patas sobre la cama y se puso a observar agarrado al borde de la misma. Vio pasar hombrecillos de lo más extraño, eran como gnomos que salían de debajo de la cama para recoger los juguetes pequeños que tenía desperdigados por la habitación y se los llevaban debajo de su cama. Al ver que le iban a dejar sin su colección de coches en miniatura que había dejado, perfectamente aparcados, en un rincón del cuarto decidió actuar y así, ni corto ni perezoso, les gritó entre susurros “¡¡’Peo’ que haceeisssss!!!”. Ellos se pararon sorprendidos y miraron arriba. Al ver que el niño estaba despierto se quedaron quietos, como paralizados a la espera de que se creyera que todo era un sueño y se volviera a dormir. Pero Guillermo no se iba a dejar engañar tan fácilmente, así que insistió “Me ‘quedeiz’ deci que haceiiiis con mis cotches?!!” y al tiempo que decía esto agarró a un enanito del cuello y lo subió a su atalaya. Le quitó su coche que aún llevaba debajo del brazo y le agitó para que reaccionara. El hombrecillo empezó a agitarse y a gritar “Suéltame, suéltame, suéltameeeeee!!!”. Guillermo, indignado le preguntó “Pod qué me eztais quitando todoz loz juguetez?” a lo que el pequeño le contestó “¿Qué juguetes? ¡¡No te estamos quitando ningún juguete!!”. Entonces el chiquillo empezó a agitar la réplica a escala en metal de un Mercedes SLK que le acababa de quitar al enanito y le dijo “¡¿Cómo que no?! ¿¡¡Y ezto que ez!!?”. El pequeño ser al verse pillado en su mentira empezó a ponerse cada vez más colorado. Tanto se le encendió la cara que poco a poco fue iluminando la habitación, como si de una linterna se tratara. Entonces Guillermo pudo ver a todos los enanitos que en el suelo de su habitación estaban llevándose sus juguetes. También veía a unos cuantos perseguir al conejo orejotas que corría de aquí para allá zafándose de ellos con relativa facilidad. Tras dos segundos la cara del enano fue volviendo poco a poco al tono normal aunque con el sombrero chamuscado y los pelos totalmente estirados. Guillermo insistió en su pregunta “¡¡A ved!! ¿Pod qué?”. El enano se derrumbó y le comentó entre sollozos que ellos no querían hacerlo pero que la malvada bruja Kirtza había secuestrado a su querido padre y que para poder rescatarlo tenían que entregar a dicha señora lo más preciado que podía guardar un niño en su habitación. Y como no sabían que era porque ellos nunca habían sido niños pues se veían obligados a coger todo lo que encontraban y llevárselo a la malvada secuestradora.

Guillermito se apiadó del pobre ser que seguía con los pelos de punta pero que en el hollín de su cara se habían abierto dos caminillos desde la los ojos hasta la barbilla de lo mucho que había llorado. “No llorez, enanito. Yo ze lo que ez tened miedo cuando no eztan loz padrez de uno en casa. Comprendo lo mal que lo pazaiz y lo que oz veiz obligadoz a haced. Pedo creedme zi oz digo que en nada de lo que eztaiz cogiendo eztá lo máz preciado de mi habitación, ni ziquieda zi me cogierais el gusiluz que tan fuerte aprieto, me quitariais lo más preciado de esta habitación”. El enano, que se llamaba Spingle, puso cara de sorpresa y preguntó “¿¡Entonces qué es lo que más quieres de esta habitación?! Por favor, dínoslo… estamos tan solos… prometemos devolvértelo quintuplicado si nos ayudas a rescatar a nuestro gran padre”. El niño dudó. Dudó en parte por no saber que hacer y en parte por no saber qué significaba lo de “quintuplicado”. En su corta vida había oído semejante palabra y estaba impresionado con su simple existencia. Al final dijo: “Eztá bien, oz lo daré con una condición -que espero que sea el significado de quintuplicar, pensó- zi no zeguíz lo que pido no hay pacto”. “Lo que sea, lo que sea” dijo el enano.

Entonces Guillermito recordó aquella vez que encontró en el parque un sobre cerrado. No sabía lo que contenía y lo guardó para investigarlo en su habitación. Una vez allí lo abrió y se puso a mirarlo. Descubrió que tenía una carta dentro. A pesar de sus esfuerzos no había logrado descifrarla, y había guardado esa carta con el propósito de no soltarla hasta que no se enterara de su contenido. Así que, ni corto ni perezoso, la guardó en lo más secreto de su habitación. Ahora se daba cuenta de que ese era el momento propicio de sacarla. Así que empezó a decirle a Spingle “¡¡Ladrón, eres un ladrón!!” y el pobre Spingle, lleno de vergüenza empezó a ponerse otra vez rojo, y otra vez iluminó la habitación. Así, con él en la mano a modo de tea, Guillermo se volvió, quitó las almohadas de su cabecera y buscó una madera ligeramente levantada del cabecero de la cama. Tiró y dejó al aire un agujero del que sacó una carta llena de polvo escrita en lo que parecía ser una piel de cordero. En la piel estaban grabadas dos letras, la primera era una K y la segunda Guillermito no la identificaba. Una vez sacada la carta le preguntó a Spingle “¿Me la podreis leer?” y el enano dijo con voz alegre “Eso es todo lo que quieres?” “así es” contestó el niño. El enanito le pidió que la dejara sobre la cama y el hombrecillo comenzó a leer con voz alegre al pensar que ya estaba cerca la liberación de su padre.

La carta decía:

Finde de caminatas

Es increible el sueño que se tiene un lunes por la mañana, menos mal que este fin de semana he dormido como un lirón. Y no es para menos porque he andado como nada ni nadie. Para empezar el viernes fui a ver la casa de Rodrigo y Mireia que, según me enteré, la estaban arreglando ellos mismos y la verdad es que les está quedando de rechupete. Ahora bien, es una trabajina tremenda. Han levantado suelos, cambiado baños, decapado paredes, pintado paredes… vamos que están haciendo la casa nueva. Y la casa parece un vergel con las plantas tan bonitas que están poniendo. Tras ver la casa y devorar los Ferrero Roche que tenían estuvimos viendo las fotos de la boda y hablando con Maricarmen que también fue de visita. Luego salimos fuera ya que habían quedado con más gente y yo aproveché para irme a casa.

En casa estuve con [censurado] y 4 chicos más de sus grupos que tenían de media los 18 años. Eran de lo más revoltoso pero la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Estaban Juanjo, Pablo, Felipe y la hermana de éste. Realmente me alegré de haber pasado ya la edad del pavo, porque uno se vuelve un poco insoportable. Nos tomamos unas pizzas y unos emparedados antes de llevarles a casa. Cuando volví estaba bastante cansado por lo que, tras hablar un rato con mi compañero de piso, me fui a la cama. Nos acostamos muy pronto y tan pronto como nos acostamos nos levantamos porque habíamos quedado cada uno por nuestro lado. Él para ir a hacer senderismo por el monte y yo para hacer senderismo por el SIMO. Tenía muchas ganas de ir porque había quedado con gente de los foros para vernos (a parte de haber quedado con Jaime para ir). Quedé con JavierB, caricatos y linkses y la verdad es que todos son un encanto. Aquí tenemos una foto del evento:
Caricatos, JavierB y yo!
Y aquí otra:
JavierB, linkses y yo!
Esto del SIMO es andar sin parar, no hay derecho. Esto de que ocupen 8 pabellones me parece excesivo. Este año no encontramos el stand de terra. Una pena porque a Jaime siempre le tocan buenos regalos en ese stand. Otra vez me decepcionó el SIMO, no tiene nada que llame la atención, todo es igual… no sé… creo que no volveré la próxima vez.

Estuve demasiado poco tiempo con la gente de los foros, a ver si un día hacemos una quedada en condiciones y podemos tomarnos una cervecita o algo… porque fue muy escaso. Por fín conocí a caricatos, persona con la que he tenido muchísimo trato en los foros desde hace mucho tiempo pero a la que no había visto todavía. Una persona muy agradable y con un acento argentino que choca al verse en una persona que vive en Torremolinos. Y linkses más de lo mismo. Una persona a la que tenía muchas ganas de conocer porque siempre está con nuevos proyectos. Es tan encantador como por Messenger. Y de JavierB qué voy a decir? Sigue siendo tan entretenida su conversación como la última vez que nos vimos. Espero tener más ocasiones para verlos a todos.

Creo que anduve por espacio de 6 horas sin parar, y cuando llegué a casa a las 16:00 horas sin comer ni nada pensé que me daba un desmayo. Tan cansado estaba que me senté en la butaca y no me levanté hasta pasada media hora, y eso que estaba muerto de hambre y con unas ganas locas de ir al baño.

Luego por la tarde me fui con Maribel a tomar unas cañitas, pero los dos estabamos tan cansados (ella aprovechó para ir de compras el sábado por la mañana) que volvimos a casa prontísimo. A las 22:00 yo ya estaba en casa, con tanto sueño que me quedé dormido en el sofá. Me levanté a las 00:00 para irme a la cama. Y no me levanté hasta las 9, así que os podeis imaginar todo lo que dormí. Vamos, que ni Inma duerme tanto como dormí yo el sábado.

El domingo por la mañana me fui con mi madre a comer. Comí en su casa una fabada con chorizo que no sé si engordará, pero me sentó de lujo. Tras la pertinente siesta quedé con Maribel y nos fuimos a dar una vueltecilla, tras la que nos tomamos un café en el VIPS, pero estaba tan costipado y me encontraba tan mal que me volví a casa pronto también. Una vez allí vimos [censurado] y yo la película “Oceanos de fuego” y en mi vida he visto una película más lenta y aburrida. No vuelvo a verla… ni a recomendarla ni nada.

Esta mañana hacía tanto frío que el volante del coche estaba intratable. Era imposible agarrarlo más de 3 segundos seguidos… espero que no empeore mucho el tiempo…

ya os contaré.

Guillermito, al terminar de oir la carta comprendió que lo que más quería de su cuarto antes de ser leida era esa carta, pero que una vez leída se daba cuenta de que no merecía la pena. Pensó que en el momento en que se lo reclamó la bruja era lo que más quería de su habitación así que no mentiría si daba la carta a los enanitos. Por lo que dijo: “Bueno, pues esta carta es lo que más quiero de mi habitación y como veo que no zoiz maloz oz la doy pada que podaiz recupedad a vueztro papá”. El enano, sorprendido por aquella muestra de generosidad (y por lo extraño que es el baremo de los niños a la hora de valorar sus bienes) le quiso dar un abrazo, pero sólo pudo agarrarle del dedo índice que era más o menos de su grosor. Dió un silbido y todos los enanos subieron a la cama y entre algarabias se llevaron la carta tarareando una alegre canción sobre un mulo que se come un cardo y se pone a dar patadas matando a una cantidad indecible de humanos. Guillermito, cuando se hubieron ido, miró a su gusiluz y con una sonrisa bien grande lo lanzó sobre todos los demás muñecos que durante el día dormían sobre su cama. Ya no tendría miedo nunca más, ya no porque los enanos le habían dado quituplicados, que son la sensación de firmeza en uno mismo (según intuyó) y por tanto jamás iba a volver a tener miedo a la oscuridad.

Comments

6 responses to “Muy crecido”

  1. Myriam Avatar
    Myriam

    Me gusta que vaya con fotos!

  2. KarlanKas Avatar

    Me alegro de que te guste, Myriam!!

    Asi te enteras mejor, eeeh?:wink:

  3. Tilu Avatar
    Tilu

    no hay justicia, yo tan grandota y leyendo con tanta ilusión tal como un pequeño un cuento de hadas 😳

    por cierto, muy buenas fotos, a este paso te agencias de una envidiable colección de fotos de los muchachones y muchachas bellas de FDW 😉

  4. KarlanKas Avatar

    Muchas gracias Tilu por lo de la ilusión, pero no creo que sea para tanto. Respecto a las fotos de FDW, a ver si te vienes para acá y te añado a la galería 😉

  5. caricatos Avatar

    Hola:
    Me ha encantado conocer en persona a dos de los miembros de los foros que consideraba amigos desde hace bastante tiempo.
    Ya que una de las fotos la hice yo, agradezco la parte de los comentarios que me corresponden.

    Debería haber un premio “literario” para blogs, y seguro que éste llega muy lejos.

    Un abrazo:wink:

  6. KarlanKas Avatar

    Hombre Pepe!!
    Qué alegría leerte aquí! 😉

    Agradezco los comentarios que haces de este blog, los considero exagerados. Pero me alegra que pienses así! (vanidoso que es uno).

    Muchas gracias, esos comentarios son los que me animan a seguir aburriendoos con mis historias sin sentido.

    Un abrazo!:smile:

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