Estimados lectores de esta mi vida:
Sé que llevo un tiempo sin escribir y creedme si os digo que al que más rabia le da es a mí. El motivo de esta carestía pseudoliteraria se debe a las múltiples gestiones que me veo obligado a realizar ultimamente. Motivos laborales unidos a otros personales han ocasionado que no pueda garantizar la publicación regular de mis escritos sin sentido. Siempre he pensado que podría remontar dicha carestía, pero cada vez me voy concienciando de que esta situación, lejos de ser temporal se va a volver algo crónico. Lo cual me desagrada mucho.
Es por ello que he decidido que si no puedo seguir escribiendo de forma regular lo mejor es que deje de hacerlo definitivamente. De otra forma sentiría que os estoy engañando. Os agradezco a todos el tiempo que habeis dedicado a leer mis historias y espero que si vuelvo algún día (dentro de mucho) a escribir, tengais a bien seguir leyendome.
Un abrazo!
KarlanKas
Francisco volvió en sí para ver a la misma anciana sentada en frente de él. “Lo que pedí fue no perder nunca la ilusión por vivir” contestó. “¿Y no se te concedió?” preguntó confiada su interlocutora. “Sí, claro que sí. Y es por eso que… me cuesta dar lo que me vienes a pedir”, contestó el chico con la vista clavada en la taza de café, frío ya, al que ni siquiera le había echado el azucar. “Si te sirve de consuelo -le comentó la mujer de negro- no es necesario que me lo des. Te lo puedo quitar yo, ya que me pertenece”. El hombre levantó la mirada apesadumbrado y con expresión de repugnancia ante la idea que le proponía la amable anciana. “Me pertenece -continuó- desde el momento en que sellaste el pacto con el pozo de los suspiros… incluso puede que desde antes”. El chico hincó los codos en la mesa y se frotó las manos, tenía frío a pesar de que el ambiente en ese café era de lo más cargado. Mientras lo hacía se dió cuenta de que daba la impresión de ser una mosca frotándose las patas y dejó de hacerlo para depositar de nuevo las palmas sobre el frío mármol de la mesa bajo la atenta mirada de la mujer. “No pensé que fuera a ser tan pronto -dijo con voz queda- pensé que sería mucho más tarde”.
Este ha sido un fin de semana de lo más intenso. Lo que principalmente hemos hecho ha sido comer. Y no es que lo diga yo que estoy obsesionado con el comer desde que intento ponerme a régimen, es que es verdad. El viernes comí normal, todo hay que decirlo, sin embargo el sábado empezó el cuento de no acabar. Me fui a comer a casa de Elena y Nacho que amablemente me invitaron a su casa. El menú consistía en una riquisima paella y en una magnífica ensalada. Me puse como el kiko y luego, para bajar la comida me puse a jugar con los hijos de este matrimonio tan estupendo cuyos nombres no voy a desvelar por respetar su intimidad (esto lo he aprendido de los programas del corazón). Luego quedamos toda la chavalería para recibir a Rafa y a María que venían de Alicante con buenas nuevas. Como quiera que aún no se lo han contado a todos los implicados no me parece bien el decirlo. Pero es bastante previsible. El caso es que nos pusimos hasta arriba de tapas y raciones. Después nos fuimos a un irlandés de Huertas a tomarnos unas copillas y celebrarlo. Fue una pena que no pudieramos estar todos. Realmente nos lo pasamos bien y fue como en los viejos tiempos cuando quedabamos todos para montar juerga en cualquier sitio.