Después de pasar un fin de semana de completa paz y vida totalmente sana, me veo lanzado o más bien escupido a la vida ajetreada de Madrid. La verdad es que hasta que llegué al lugar de reposo también viví cierto ajetreo. Principalmente por mi infinita capacidad para perderme conduciendo. Es una cosa que, a pesar de disgustarme, realizo con cierta frecuencia. Debe de ser una forma de matar la soberbia que me produce el conducir tan requetebién.
El caso es que la misión en esta ocasión era llevar a Astracán desde la apacible plaza de Manuel Becerra hasta la Urbanización Los Negrales, que dista de Madrid la irrisoria cantidad de 35 Km. (más o menos un porrón de millas). Para la realización de la misión contaba con: La inestimable ayuda de Astracán, las indicaciones de [censurado], un montón de dudas, 3 chicas en plena adolescencia, 1.134.323 coches y toda la red de carreteras de la comunidad de Madrid.
Ya empecé mal la cosa porque las chicas se retrasaron y me pensé lo peor. Además no las conocía de nada y tenía que descubrirlas a ojo. Estuve esperando en la calle observando a todas las personas que pasaban por mi lado evaluando si podrían ser las susodichas. Tras sonreir a 18 chicas (de las cuales aceleraron el paso 3, me miraron con cara de asco 4, me insultaron 6, me devolvieron la sonrisa 2 y se vinieron conmigo 3… que son las que esperaba!) logré reunirlas. Nos montamos en el coche y empezó el periplo.
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