Category: Cosas de mi vida

  • Errores de principiante

    Al abrir el correo esta mañana he descubierto, entre otras cosas, que anoche se hicieron dos nuevos comentarios en el blog. Lleno de ilusión, porque a mi esas cosas me ilusionan mucho, abrí las páginas donde se comentaron mis andanzas con la resolución de aprender de las críticas y no dejarme llevar por las, improbables, alabanzas que pudieran contener. Mientras espero que se cargue la página me pongo a pensar sobre el posible contenido del comentario. Y juego con la posibilidad de que sea un comentario sobre el diseño. “Ya era hora -pienso- de que alguien me diga su opinión” ya que sólo Tilu ha tenido a bien el comentar qué le parece el cambio de forma extensiva.

    Tras un tiempo más de espera logro leer el primero de los dos comentarios. Al verlo me quedo sorprendido. Jamás ví un mensaje que dijera tanto en tan poco espacio. Tras la sorpresa inicial vino la decepción y, tras meditarlo un poco, la alegría. El mensaje era (more…)

  • Cómo alargar las tardes

    Ayer fue un día de perros aquí en Madrid, empezó a llover y no paró hasta que las nubes consiguieron empaparme por completo. Mira que llevaba paraguas y todo, pero nada… no hay forma. En cuanto llueve un poco de más el paraguas comienza a gotear, el suelo está encharcado y la gente comparte alegre el agua que cae a chorros por la loma de su paraguas. Aquí me alegro de no ser como Pau Gasol. El pobre se debe empapar cada vez que llueve un poco. El caso es que llegué al coche más mojado que un fideo en sopa. Y por si eso fuese poco, un imbecil casi me atropella. Además que fue absurdo: Estaba lloviendo, había atasco en una calle de un solo carril, los coches avanzan pesadamente y tengo ante mí un paso de cebra. Empiezo a cruzar al pasar uno de los coches y el siguiente no para (iban al paso de una persona andando), total que tengo que echarme para atrás deprisa y corriendo para que no me golpee con su retrovisor. Total que el coche, una vez invadido el paso de cebra, cuando está completamente encima tiene que parar por el amontonamiento de vehículos. Momento en el cual aprovecho para preguntarle por su ventanilla entreabierta “¿Es que no sabe lo que es un paso de cebra?”. El hombre ni mueve la cabeza, yo creo que pasa cierto miedo, cuando voy a pasar por detrás del coche calculo mal y, sin querer, le doy con la rodilla en el lateral del coche que, como es unlvo del año de la tana, suena ¡TONG! preocupado por que el hombre pudiera pensar que hago todo lo posible por destrozarle el coche de forma velada, sigo andando como si nada. Por fín llego al coche, logro desembarazarme del paraguas empapado y montarme dentro de Astracán. (more…)

  • Fin de semana de cambios

    Esta mañana he tenido que aparcar en frente de la embajada francesa. No habría pasado nada si no fuera porque había una pareja de la guardia civil observando cómo aparcaba. Es una chorrada, pero cuando alguien te mira ya no haces las cosas tan bien. Te preocupas de lo que pueda pensar, miras sus caras y piensas “Uy! están comentando que lo hago mal!!” intentas corregir, pero ya es tarde. O corriges y no tenías por qué. El caso es que he tardado más de la cuenta en aparcar. Y ya me miraban con curiosidad. Esperaban a ver cómo era el tipo que había tardado tanto en aparcar teniendo además un poco más alante un sitio en batería. Además, te miran y piensas “Eso es que no han reconocido el coche y están observando a ver si soy un terrorista”. Y ya cuando voy al maletero y saco el paraguas, veo cómo miran con verdadero interés. Al ver que era el paraguas respiraron (y yo con ellos) para a continuación seguir hablando del futbol del domingo. Mal empezamos la semana…

    Por otra parte, en mi vida ha habido un antes y un después a este fin de semana. Antes era una persona normal, carente totalmente de ningún tipo de actividad extraña ni perjuducial para lo que es mi modo de vida. Pero, por fín, me he dado cuenta de que mi situación física no es la más adecuada para una persona que, como yo, siempre ha sido bastante delgada. Esta carencia de delgadez, agravada con la aparición de cierta gordura, han ocasionado que me plantee lo que nunca antes había tenido a bien pensar en ello: Me he puesto a régimen por primera vez en mi vida. Es duro para mí (more…)

  • Plus de peligrosidad II

    Ayer viví en mis carnes otra experiencia peligrosa para la integridad física de éste que os tortura con sus escritos. Resulta que vinieron a la Notaría a firmar una aceptación de Herencia. Pero no era una aceptación normal. Era una aceptación en que los hermanos estaban enfrentados. Es duro el que ocurran estas cosas. No me considero nadie para juzgar nada, y me limito a relatar lo que viví sin entrar a valorar si hicieron bien o mal los hermanos que ahí se reunieron. Pero no logro descubrir qué cosas llevan a unos hermanos a enfrentarse tan abiertamente por una herencia. Por lo que oí. Y no es que pusiera la oreja para intentar espiarles, es que se pusieron a discutir a voz en grito por toda la notaría.

    Resultaba un poco cómico el ver como discutían. Porque parecía una obra de teatro por cuanto se movieron por toda la notaría. Comenzaron en la sala de espera, luego alguno se debió de enfadar y salir de la misma. Momento en que el atacante aprovechó para perseguirle con sus argumentos. Se fueron por el pasillo hasta la entrada, luego se dieron la vuelta hasta otra vez la sala de espera. Luego fueron al despacho del fondo… y a todo esto pegando gritos y haciendo grandes aspavientos. Hubo un momento en que nos temimos lo peor y escondimos todos los abrecartas, tijeras y cuchillos por miedo a lo que podría pasar. (more…)

  • Plus de peligrosidad

    En cuanto caen dos gotas en Madrid es un horror: la gente se vuelve más irascible, el tráfico va más lento, uno se vuelve más melancólico… Y lo que es peor, no se puede ni pasear ni nada. Resulta que teniendo en cuenta todo eso al levantarme ayer decidí (en parte ayudado por Maribel) no ir a trabajar con el coche y hacerlo en transporte público. ¿Cuánto me duró esa intención? Es dificil de precisar, pero me temo que no más de lo que tardé en poner un pié en la calle mojada. Al notar el agua en mi cara decidí que tampoco había tanto atasco y que si París bien valía una misa pues ir a trabajar bien vale un atasquillo. Así que ni corto ni perezoso me monté en Astracán que arrancó perezoso entre lamentos mecánicos y humos de todo tipo. Tras arrancar me dí cuenta de que en Madrid los intermitentes no sirven para nada: nadie los usa y si tú, pobre, los empleas nadie les hace ni puñetero caso. Un ejemplo claro de esto fue un todo terreno que aceleró literalmente para no dejarme poner en su carril. Al final lo logré por el principio de valor residual de vehículo accidentado. Una teoría promulgada por Jaime que dice así “Al encontrarse en una situación de preferencia de paso discutida siempre terminará pasando antes el coche cuyo valor residual tras el previsible choque sea menor”. Es decir, que con lo viejo que está Astracán, llevarlo con un golpe más no me importa demasiado, cosa que puede que sí le interese a la persona que conduzca el otro coche que probablemente sea más nuevo. El caso es que tuvimos que parar los dos nuestros respectivos vehículos y tras comentar la situación entre nosotros a través del cristal con una bonita mirada de odio dibujada en la cara de ambos dos, (more…)