Category: Cosas de mi vida

  • Un día atareado II

    (viene del mensaje anterior) Y lo peor de todo es que tendré que ir al mecánico a echarle la bronca por esta falta de previsión. Pero… es realmente una falta de previsión o es una falta de buena fe? Yo presonalmente me inclino por lo segundo. Pero soy nuevo en esto de tratar con los talleres tal vez me equivoque. Igual tanta bronca con clientes por política preventiva les ha llevado a ser cautos en esa materia. No sé… el caso es que tendré que ir hoy a ver al sonrisa de hiena ese a ver que me cuenta. Y ya de paso le pediré una revisión completa del coche porqeu como nos vamos a ir a Lisboa en el mismo pues… tal vez sería bueno el que no nos dejara tirados. Maribel, en un derroche de confianza ha dicho que no cree que lleguemos a salir de España. Para darle en las narices me gastaré lo indecible para que el coche quede en perfecto estado.

    Durante el fín de semana nos movimos con el coche sin ningún problema a pesar de su pérdida de líquidos (tampoco pierde mucho, sólo gotea hasta vaciar el depósito del agua). Conduciéndolo me sentía como dentro de la película speed. Mirando la aguja de la temperatura procurando que no subiera de 90, intentando que el coche no se parara, llevándolo a pocas revoluciones… el domingo una vez dejé a Maribel en su casa me ví obligado a encender la calefacción para mantenerlo fresco. Qué calor, madre mía!!

    Como esto siga así me voy a tener que comprar un coche… pero me da que será dentro de mucho…

  • Un día atareado

    El pasado domingo me dejé las gafas en casa de mi hermana. Eso no tendría mayor importancia si no fuera porque la resolución de mi pantalla es de 1200 x 1024, la tabla de la mesa me llega por el diafragma (esto lo lee un experto en posturitas trabajando… cómo se llama? ergonomista? y me mata) y el fondo de la mesa mide 80 cm. Es curioso que la conjunción de 3 aspectos en principio buenos me hagan la vida imposible de esta manera. Las letras las veo como manchitas en un fondo blanco. Es una forma de poner a prueba mis dotes taquigráficas porque no veo un pimiento de lo que escribo en la pantalla. Podría haber traido mis gafas antiguas, pero les falta un cristal y, claro, alguien que entra en una notaría con pantallas planas, ordenadores minúsculos, mesas de caoba… y ve a un oficial con unas gafas sin cristal y pensaría “este notario es un negrero! Ni siquiera da dinero a este pobre chico para hacerse unas gafas decentes!” y no sería justo. Así que seguiré escribiendo al tun tun que algo saldrá. Hombre, de vez en cuando acerco mi nariz a la pantalla y logro ver algo, pero la gente me mira raro. Daos cuenta de que la mesa, como ya he dicho, tiene 80 cm de fondo y me llega por el diafragma así que tengo que adoptar una postura de lo más peculiar. Eso a parte de la cara que pongo de inglés hablando con un jerezano. Es tal número que tengo que vigilar que no haya ningún cliente cerca para que no se asuste.

    Pues así y con esas resulta que ayer acompañé a Desi (síii… la chica con la profesión de más de 5 sílabas) a realizar unas gestiones que entrañaban que leyera un papel apoyado en una mesa puesto yo de pie. Os podeis imaginar! No veía un pimiento! Me tuve que agachar, enseñando mi incipientemente despoblada coronilla al que tenía enfrente para poder leer el papelito. Por cierto, no penseis mal, que es que tengo hipermetropía en el ojo derecho, por eso no veo bien de cerca, pero de lejos (con el ojo derecho) soy un águila. El caso es que así agachado pude leer el papel y actuar en consecuencia, pero la vergüenza la pasé. Así que en cuanto tenga arreglado el coche iré a buscar las gafas.

    Esa es otra! El coche! Resulta que vuelve a perder agua del radiador. Supongo que es otro manguito, y yo me pregunto ¿es que no lo podían haber cambiado también? Si veian que iba a estar igual de mal en un futuro próximo, deberían haberlo cambiado, no? pues no. Porque si lo cambian con los otros dos pierden horas de mano de obra, y la cosa está muy mal. Por otra parte me estoy dando cuenta de que esto de la mecánica es una especie de funcionariado: Hacen sólo lo estrictamente necesario, nada de iniciativas propias. Aquí se hace sólo lo que en principio se había pensado. Todo lo que sea preventivo es una pérdida de tiempo y merece el destierro la persona a la que se le ocurra algo así.

    Es un rollo esto del notificador de nuevo mensaje. Prometo arreglarlo hoy mismo. Para que no hagais el viaje en vano os publico esta primera parte y luego publicaré el final.

  • Estoy de mal humor, debe de ser que ya es lunes

    Por desgracia todo lo bueno se acaba y hemos de decir que el magnífico y nunca suficientemente aprovechado fin de semana, se ha acabado. Bueno, era algo que ya se veía venir desde el viernes, incluso los más avispados lo sabíamos desde el martes, cuando vimos que el lunes había pasado tan rápido.

    Hoy lunes, sin ganas de trabajar echamos la vista atrás y qué nos encontramos? muchas veces es horroroso echar la vista atrás porque nos damos cuenta de que no hemos hecho absolutamente nada de provecho. Y ya lo peor es cuando no hemos hecho nada de provecho y además no hemos dormido bien. Ahí ya sí que nos vamos a trabajar con el cabreo latente… nosotros ignoramos que está ahí pero ahú está, con su reloj digital de números rojos y todo… esperando a que se de la situación propicia, algo aparentemente inocente puede desencadenar un enfado sordo y furibundo. Sordo, sí, pero furibundo. Y ocurre cuando te llega la secretaria y te pregunta “¿Qué tal el fin de semana?” y entonces, a la hora de ir a echar mano de tus recuerdos das con la bomba de cabreo. Esa en la que el explosivo es “No hice absolutamente nada” y la metralla es “Y me gasté, no sé en qué, 200 euros”. Pero es una bomba como la de Muroroa, es decir, (more…)

  • No os lo vais a creer, pero… hoy es viernes!!!

    Tras una espera demasiado larga, tras varios momentos de hastío, tras varias luchas contra el cansancio, el sueño y el calor hemos llegado al viernes. Estará contento, pensareis, pero si he de ser sincero diré que no tanto como debiera. Son muchos años de engaños continuos, son muchas semanas de alegrarse por la llegada del viernes sin reparar en que tras el viernes llega siempre el sábado (¡bien!), tras el sábado el domingo (¡bien!) y tras el domingo? siempre siempre? llega? el lunes! (¡mal!). Y ya nos podemos poner como queramos que el traicionero viernes nos llevará de la mano hasta el lunes, de forma inexcusable y fulminante. Hay casos de gente que le ha causado tanto stress pensar en estas cosas, el darse cuenta de que el otrora amable viernes es en realidad un agente doble de la semana, que sus músculos se han empezado a agarrotar, a endurecer, a contraer de tal manera que les ha llegado a ocasionar dolores de cabeza e, incluso, a que se le entumezcan las manos y brazos.

    Sin ir más lejos (ya que si no no podría escribir estas líneas) os contaré que a Maribel le lleva ocurriendo esto varias semanas. ¿qué digo? varios meses? bastantes! El pensar que el lunes llegaba, por muy seria que se pusiese, hacía que sus músculos se montaran unos encima de otros. (more…)

  • Un nuevo mes!

    Ayer hizo calor. Mucho calor. Un calor asfixiante. Durante todo el día, pero en especial a las 16.30 horas. Hora a la que fui a buscar el coche. Cuando estaba al lado de la puerta del mismo, en una calle de un solo sentido y de un solo carril, observé que un coche paraba. En seguida me percaté de su intención de aparcar en la plaza que iba a desocupar. Raudo, para detener la circulación lo menos posible, abrí la puerta del coche y, sin pensar, me metí dentro. Lo que ocurrió a continuación no puede ser más que pesadilla de un personaje de un poema de Gloria Fuertes. El habitáculo me recibió con una bofetada de calor asfixiante. Tan fuerte fue el tortazo que los pelos del flequillo (normalmente caidos) se levantaron y se empezaron a rizar como si cerca de una llama estuvieran. Las glándulas sudoríparas de todo mi cuerpo soltaron su contenido en un vano intento de detener lo que, irremisiblemente, ya había comenzado. Como consecuencia de dicha reacción mis ojos se vieron cegados, momentaneamente, por el sudor que bajaba a riadas saltándo la natural protección de las cejas y llegando a la misma córnea tras superar la última barrera de las pestañas. Por último mi consciencia se vió seriamente comprometida y lo único que acertaba a pensar era una frase “que calor, Dios mío, qué calor” que repetía como letanía, como mantra, en un vano intento de conjurar dicha situación. (more…)